domingo, 8 de diciembre de 2013

La Inmaculada Concepción...





Porque preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original para que, enriquecida con la plenitud de tu gracia, fuese digna Madre de tu Hijo, imagen y comienzo de la Iglesia, que es la esposa de Cristo, 
llena de juventud y de limpia hermosura.
Purísima tenía que ser, Señor, la Virgen que nos diera al Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad.
Por eso, unidos a los ángeles, te aclamamos…

Tú, Virgen y Esposa, como la luna reflejas el amor infinito de Dios hacia nosotros, eres un prado repleto de gracias copiosas, que nos esperas con amor inefable de madre y nos muestras el resplandor de ternura de tu amadísimo hijo Jesús.
Salve María Inmaculada, trono del Mesías y Salvador: Cristo nuestro Señor.
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