jueves, 8 de agosto de 2013

Tiempo, temporalidad, eternidad...



Y entonces me encontré cara a cara contigo, había olvidado la tranquilidad de tu voz y la armonía de tu presencia. Me había acostumbrado en verte imponente y majestuoso, tú allá y yo aquí, con mucha confianza pero sin nada de sabor.
El tiempo como camicaces que se lanzan desde sus aviones a gran altura, se estrella contra la mente de nuestra humanidad llenándonos de recuerdos y señales de que su paso ha hecho mella en nosotros. Esto es inevitable y urge atrincherarnos y adiestrarnos para que su paso por nosotros, sea provechoso y agradable.
Nosotros somos temporales, nacemos, vivimos y morimos. Aunque muere es nuestra corporeidad, nuestra alma es eterna y volvemos al Padre, de donde hemos salido. Cristo es nuestro principio y fin, unidos a el es que logramos transformar nuestra vida etérea, en una vida constante, que da frutos en abundancia, de tal manera que se convierte en una presencia del poder de Cristo en nosotros.
A esto me refiero al aporte que han hecho grandes santos, hombres y mujeres de carne y hueso, temporales como tu y yo, que teniendo a Cristo como principio y fin de todas sus obras, lograron dar frutos en abundancia. Aprovechemos nuestro tiempo y dediquémonos a hacer de nuestra temporalidad una eternidad ser santos en lo cotidiano y esto solo lo lograremos de la mano de Cristo el Alfa y Omega.
Un fraterno saludo.

PD: Volvemos, ya en 4to de teología, abandonado a sus oraciones y enamorado de esta vocación que el Señor me ha regalado.
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