sábado, 17 de agosto de 2013

Amar al mundo, amar a Dios...



Dios es bueno. De eso, no hay dudas. Aunque, en ocasiones queramos hacer ver lo contrario, aludiendo pruebas y elaboradas alocuciones, todas caen por tierra, al contemplar la maravilla de lo creado. Al ver la complejidad de nuestro organismo y de cada célula y el funcionamiento de cada parte del cuerpo humano.

El mundo es, aunque evolucionado, la obra maestra de un ser superior, un ser absoluto, el bien supremo, la idea creadora de las cosas (Platón) que poco a poco ha ido perfeccionando su obra, hasta  llegar al culmen, dándonos razón y libertad. No para manipularnos como titiritero, sino para que desde nuestra libertad y libre albedrío, le amemos sin restricciones o condiciones. Porque, quien ama obligado? A quien forzamos a que nos trate bien, tenga afecto hasta llegar al puro amor? A nadie!!! Eso no se logra. Y Dios nos hace libres para que desde esa “libertad” le amemos, y ese amarle queda de nuestra parte.

Decidamos la mejor parte, “Amarle” Dios sabrá recompensar cada esfuerzo en acercarnos a su presencia para brindarle nuestro amor, a El que es el Amor.
Un fraterno saludo, me abandono a sus oraciones.
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