sábado, 4 de mayo de 2013

Temblor tembloroso...



¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?
Y entonces mi corazón se acelera y mis manos comienzan a temblar, ante ti, que hace rato te inmolabas en el Altar. Yo aparejaba la leña y lo que sería la víctima puede preparar.
Tu fuerza renovadora y tu amor insondable a mi corazón hicieron vibrar. Yo seguro estoy de que allí estas tú, Señor, aunque mi razón e inteligencia en discusión a veces me ponen a pensar.
Pero que te sucede, porque tiembla tu ser, si a Él le dices conocer, hasta tu vida has decidido dar en beneficio de su compañía y lo que antes hacías los has dejado solo por estar a su lado.
Y es que digo conocerte, y es que digo amarte pero a veces no se reflejarte. Que el inconsciente adore lo que el consiente admira, que la razón y la fe se rindan ante tu majestad salvadora.
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