jueves, 24 de enero de 2013

El Señor se fio de mí...



No ha sido mi fuerza finita, tampoco mi humildad alardeante.
Aunque mi voz es la que resuena, es su mensaje el que se escucha.
Ha sido su eterna misericordia, su amor insondable, su claridad redentora.
Es su presencia que inspira, su poder que nos salva, su mirada que nos cuida, el que en la cruz nos salva.
No he sido yo, ha sido su fuerza y poder, su garantía en el llamado, su seguridad en la entrega.
Desde la vivencia de su misericordia es que puedo decir: “El Señor se fio de mí” (Cf. 1Tm 1,12)


Con gran alegría les anuncio que he sido elegido, junto a otro hermano de comunidad, para el ministerio del acolitado. Nos abandonamos a sus oraciones.


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