martes, 15 de enero de 2013

Dificultades adversas...



Leía en uno de esos blog muy buenos y productivos que abundan en la web, que “no todos los días te levantas con el espíritu alegre y despreocupado; algunas veces ya desde temprano en la mañana te persigue el recuerdo de una adversidad que estas enfrentando hace tiempo.
Hace trescientos años un prisionero grabó en la pared de su prisión esta frase, con la que pretendía conservar en alto su estado de ánimo: “No es la adversidad lo que mata, sino la impaciencia con que soportamos la adversidad.”
Es verdad; impacientándote en las adversidades, nada arreglarás; más bien lo echarás todo a perder o agravarás la situación; no es, pues, un remedio la impaciencia o la ira.”(www.masalladeldesierto.blogspot.com)

En ocasiones, la crisis por la que atravesamos ante una situación es más grave que lo sucedido. Tan fuerte que nos hace más daño que el mismo acontecimiento. Nos hacemos un manojo de nervios y emociones, mientras lo sucedido no pasa más a un susto y mal momento.
Dios nos ama, su presencia en nuestras vidas es más fuerte y palpable que el ruido que pueda hacer una dificultad o adversidad. Dejemos en él estas adversidades y dificultades.

Nos dice el Santo Padre que “existe el bien en el mundo, y "este bien está destinado a vencer, gracias a Dios" aunque es difícil entenderlo, ya que "el mal hace más ruido que el bien, un asesinato brutal, las violencias que se extienden y las graves injusticias son noticia".
Por ello, "si queremos entender el mundo y la vida, debemos ser capaces de permanecer en silencio y en meditación, en la reflexión silenciosa y prolongada, debemos saber pararnos y pensar".
Publicar un comentario