sábado, 1 de septiembre de 2012

Suramérica...


El continente en el que vivo fue creado por Dios hace muchísimos años, al igual que el resto del planeta tierra. Según los historiadores, parte de este continente fue descubierto por error en las postrimerías del siglo XV. Muchos han catalogado este hecho como el encuentro de dos mundos, otros más recientes como la resistencia indígena. 

A más de 500 años de estos últimos acontecimientos, muchas historias se cuentan, otras se han olvidado y algunas han resucitado desde las cenizas del olvido. Somos mestizos, mulatos, zambos, negros africanos, indígenas. Fuimos el sustento de muchas partes del mundo, esclavizados hasta hace muy poco, despojados de muchas de nuestras riquezas y de un tiempo para acá llamados el tercer mundo, junto a otros.
Muy a pesar de esta realidad pasada y que de alguna manera afecta nuestro presente, este continente lucha por su identidad, por mantenerla ante una globalización en algunas veces mal encaminada. Lucha, se esfuerza y trabaja por construirse una vía de progreso y prosperidad. Nada fácil, nada sencillo, pero no imposible.

El cristianismo es parte fundamental en esta historia suramericana, con algunas páginas muy oscuras y muchísimas otras llenas de luz, progreso, igualdad y libertar. Hombres y  mujeres que lo dieron todo para inaugurar el Reino de Dios acá en la tierra. Un San Bartolomé de las Casas, San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima, San Alberto Hurtado, Madre María de San José, Mons. Romero y muchos otros de los que quizá nunca sabremos de ellos; hombres y mujeres que simplemente dejaron germinar la semilla de la Buena Nueva en sus vidas, la cultivaron y dieron frutos abundantes.
Un continente que a pesar de ser llamado Tercer Mundo, mantiene en gran parte de sus tierras la cultura de la vida, de la generosidad, del trabajo y de tener al otro como hermanos.
Bendito sea Dios…
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