sábado, 19 de mayo de 2012

Balanzas balanciadas...


Un campesino iba con frecuencia a la ciudad para llevar a un panadero la manteca necesaria para la elaboración del pan, y por cada kilo de manteca recibía un kilo de pan. Una vez. Tuvo el panadero la curiosidad de comprobar cuánto pesaba la manteca que le acababan de entregar, y descubrió que de la entrega última –cinco kilos- faltaba medio; así que pidió explicaciones. El campesino, que estaba prevenido, contestó ya tranquilo:
-No sé qué decirle. Como en mi casa tengo balanzas, pero sin pesas, me arreglo siempre poniendo en un platillo de la balanza el pan que usted me da, y en el otro un peso igual de manteca.
Ni que decir tiene que el panadero quedó avergonzado. Algo parecido va a ocurrir en el Juicio. Dios hará como el campesino, pues el mismo Cristo ha dicho: Con la medida con que midiereis, seréis medido (Mt 7,2).
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