sábado, 28 de abril de 2012

Eres mi Pastor...


Pobre de mí, que sabiendo y conociendo que el pan deja de ser pan y que el vino deja de ser vino, para convertirse en el cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, me hago el indiferente o simplemente lo dejo a mi memoria laxa.
Señor Jesús, te haces presente en la Santa Eucaristía, enséñame a reconocerte como el alimento bueno que nos da la vida eterna. Como el pasto abundante y jugoso que me alimenta y da descanso al alma.
Tú eres mi Pastor, el que me salva del peligro de la soledad, tristeza y desanimo. El que cura las heridas causadas por la indiferencia y el orgullo. Eres el pastor bueno que me das a beber el agua que da vida y calma la sed de la arrogancia.
Todos los días de mi vida, mi morada será la casa de Dios, porque eres mi Pastor.
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