domingo, 4 de marzo de 2012

Maria, transparencia de Dios.


Entre todas las palabras pronunciadas por el Padre durante la Creación, hubo una extraordinariamente singular. Esta no sería fruto de la inteligencia sino de la intuición. Tampoco esplendor del sol divino, sino sombra suave y dulce. Nube ligera que en su curso viene a endulzar la luz del sol; demasiada fuerte para nuestros ojos. Estaba en los planes de la Providencia que el Verbo se hiciera Carne. La Palabra, debía escribirse con carne y sangre y esa Palabra necesitaba un telón de fondo. Las armonías celestes deseaban ardientemente, por amor a nosotros; transportar su concierto único a nuestros salones; pero necesitaban un espacio de silencio para resonar. Quien iba a conducir a la humanidad, darle sentido a los siglos pasados, aclarar y arrastrar con Él a los siglos futuros, debía aparecer sobre el escenario del mundo; pero necesitaba una pantalla inmaculada donde pudiese resplandecer.
Como no sabemos hablar de Ella, le cantamos. Es difícil razonar en torno a Ella: la amamos y la invocamos. Ella es objeto no de especulaciones del espíritu, sino de la poesía. Los mayores genios han puesto sus pinceles y sus plumas a su servicio.
Jesús encarna el Verbo, el Logos, la Luz, la Razón, Ella, en cambio, personifica el Arte, la Belleza, el Amor. María, obra maestra del Creador, en Ella el Espíritu Santo ha dado libre curso a Su genio, en Ella ha derramado él Sus inspiraciones. Cuán bella es María! Jamás aprenderemos a cantarla lo suficiente.
Chiara Lubich
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