domingo, 30 de octubre de 2011

“Ya que eres grande cuando usas los talentos que te ha dado Dios para el bien”


Esta eran unas de las palabras que refería ayer Monseñor Manuel Felipe Díaz en la bajada de Nuestra Reina Morena La Virgen de Chiquinquirá. Monseñor nos decía que la madre “común” viene al encuentro con sus hijos, ah confirmar el encargo de Cristo en la cruz: “he allí a tus hijos”.
Y es que la homilía de este sábado que ya eran las I vísperas de domingo dio para todo. La liturgia de la palabra era propicia y oportuna. Un llamado a cumplir a cabalidad lo encomendado por Cristo nuestro Señor. No creernos, que por tener algún cargo o posición mejor que muchos voy a abusar de ello. ¡Pues no! “Ya que eres grande cuando usas los talentos que te ha dado Dios para el bien” no eres grande por el auto lujoso que usas, no eres grande por dominar a los empleados, no eres grande porque todo mundo te aplauda, eres grande porque Amas, Ayudas, Sirves; eres grande porque la Caridad corona todas tus acciones.
Qué bien entendió esto María Santísima, toda ella es un talento de Dios y lo ha puesto al servicio de la humanidad, ella se presenta con su hijo en brazos, ella medita todo en su corazón y nos manda a que hagamos todo lo que Él nos diga, ella corre presurosa al encuentro de su prima necesitada de atención, ella acompaña a su Hijo en el camino de la pasión, es ella la elegida por Dios para ser la Madre de Misericordia, pues ella da de lo que recibe de su hijo amado Jesucristo.
En la Cruz de Cristo vemos desbordar el rio de misericordia que inunda nuestras vidas, transforma nuestros corazones y nos lleva a perdonar, ya que el perdón es hijo de la misericordia. A pesar de las muchas dificultades, a pesar de los muchos problemas, Dios nos ama, y de alguna manera nos habla en esos acontecimientos cotidianos que golpean nuestra realidad y hacen tambalear nuestra insegura estabilidad. Que no lo entendemos, que no lo comprendemos, que se nos hace difícil a nuestra limitada capacidad intelectual, es normal, es común y hasta ralla en lo cotidiano. Lo anormal sería que no aguardáramos en la “Alegre esperanza de que Dios quiere los mejor para sus hijos”.
Ya nos lo decía San Agustín y la visión beatifica de la historia, ver en cada acontecimiento la mano prodigiosa de Dios que no se aparta de nosotros y quiere nuestro bien.
Me abandono a tus oraciones, junto a mi familia. Dios te bendiga.
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