martes, 18 de octubre de 2011

Mirando al que van a Consagrar...

Procesión de entrada de la Misa Crismal 2011
Durante la vida de seminarista, muchos son los momentos que marcan nuestro que hacer encaminados a la vida Sacerdotal. Muchas son las ocasiones de Gracia y Regocijo con las que nos marca el Señor, dueño de la Viña y lo sembrado.

Desde mi estadía en el seminario estas ocasiones en mi vida se han repetido en innumerable oportunidades. Una puntual y de las que más disfruto, bien sea prestando el servicio litúrgico o participando activamente con la asamblea es la “Consagración Sacerdotal”.

Todo seminarista sueña con ese momento tan importante de su vida vocacional. Se postra un hombre común y se levanta para actuar en Persona de Cristo, un sacerdote, hombre de Dios y para Dios. Se unge con Oleo Santo las manos para llevar a cavo tan loable labor; se quita el hombre viejo y se reviste del nuevo Adán que se deja seducir por Cristo para anunciarlo a sus hermanos.
Jesucristo, el Señor,
a quién el Padre ungió
con la fuerza del Espíritu Santo,
te auxilie para santificar al pueblo cristiano
y para ofrecer a Dios el sacrificio.

La anterior frase, la recita el Arzobispo en el momento en que Unge las manos del Ordenado. Esta frase me llena de fortaleza y afirma la certeza, por mas temor que sienta, de que Cristo me acompañará en la misión encomendada, sin Él nada soy, nada tengo, nada puedo.

Cada Consagración Sacerdotal renueva y actualiza en mí el deseo de servirle al Señor en el ministerio Sacerdotal. Confirma la decisión de dejarlo todo por aquel que dio la vida por mí en la Cruz, Resucito y ahora me invita a ser su discípulo, a ser los pies que lleve su Buena Nueva, a ser las manos que den de comer al hambriento, a ser la voz que cante sus misericordias. Casi siempre termino conteniendo las ganas de llorar de la emoción, situándome yo en el lugar del ordenando, viendo a mi familia en la del ordenando y tomando para mí la homilía que dedica el Arzobispo al ordenando. Toda una gama de emociones que si bien, son solo eso, emociones; me alienta e inspiran a seguir luchando y anhelando la Santidad en el Servicio al Señor en el prójimo.

Saludos, me abandono a sus oraciones…
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