martes, 9 de agosto de 2011

Misiones, misionado...

Dios sale a nuestro encuentro, a nuestro paso, a nuestro respirar; casi siempre lo buscamos equivocadamente en rincones donde de seguro se nos hace más difícil notarlo, sentirle o verle.

He estado de misiones por casi un mes, en una del centenar de parroquia que conforman mi territorio arquidiocesano. La experiencia ha sido abrumadora, agotadora, extenuante pero aderezada de felicidad, alegría y entrega.

En las parroquias de esa zona, las fiestas patronales y la novena son muy particulares. Se hace la bajada del Santo, todo muy solemne, y las fiestas en si inician con el día del Santo, luego es que inicia la novena.

A la parroquia que fuimos tienen por patrona a María en la advocación de nuestra Señora del Monte Carnelo, una imagen que data del siglo XVII o XVIII, pues esta imagen peregrino 11 días a diferentes sectores de la parroquia y en cada sector era una fiesta, y cuando digo fiesta es en todo el sentido de la palabra, no escatimaron esfuerzos, ni imaginación. A cada rincón de la parroquia que llegaba la Madre de Cristo, la comunidad le recibía con fuegos artificiales, danzas, poesías, dramatizaciones, cantos, música de viento, mariachis, oraciones, peticiones y pare usted de contar. Toda una experiencia Mariana. Queda mucho por contar, ya iremos viendo. Por ahora estamos de vuelta y próximos a cumplir años.

Toda la vida de esta comunidad gira en torno a la parroquia, del párroco y del que hacer en cada grupo laical. Permítame Dios, ser a imagen de Cristo un Pastor Bueno que lleve a las ovejas a disfrutar de abundantes pastos y agua. Gracias Señor por estas misiones.


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