miércoles, 10 de agosto de 2011

Las cosas quedan, la gente se va...

En la vida hay momentos felices que nos impulsan a seguir y luchar por lo que queremos, nos impulsan a trabajar y esforzarnos por un bienestar común. Muy a pesar de lo que son en si, en ocasiones, los momentos de tristeza generan el mismo sentimiento.

La muerte puede llevarnos a esos momentos tristes donde la esperanza se ve desesperanzada si no la iluminamos con la luz de Cristo, solo desde allí puede ser esperanzadora la muerte, la despedida, la separación, en fin, cualquier situación vivida.

Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo. Simplemente queda esperar su regreso o el encuentro junto a Cristo Nuestro Señor. Esta partida por mas dolorosa que sea, es alimentada por la esperanza del reencuentro y de la certeza que es Cristo nuestro maestro. Unidos en la oración…

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