miércoles, 8 de junio de 2011

Cristianos perseguidos, Monjes valientes.


He visto hace ya días la película “De Dioses y Hombres” una magistral obra, donde se narrar la tragedia de Tibhirine. Explora los últimos meses de la vida en una pequeña comunidad de monjes cistercienses-trapenses asentados en “tierra musulmana”. La historia empieza varias semanas antes de que los guerrilleros den un ultimátum ordenando a todos los extranjeros que salgan del país. Un grupo armado entra a la fuerza en el monasterio en Nochebuena.

A partir de ese momento, el dilema de los monjes es claro: ¿Deben quedarse o irse? Pero la decisión se tomará colectivamente. Para ellos, la elección, sea cual sea, tendrá consecuencias irreversibles. Cuando rechazan la protección del ejército, el gobierno argelino les pide que regresen a Francia.

Cada monje deberá decidir de acuerdo con lo que está en juego a nivel humano, político y religioso, además de profundizar en su alma y conciencia. La tensión dramática acompaña la vida diaria, tanto práctica como mística, de la comunidad: sus fuertes ataduras con los habitantes del pueblo vecino, así como el espíritu de paz y caridad que intentan oponer a la violencia que corroe el país. Los monjes martirizados fueron: Dom Christian, padres Christophe, Bruno, Célestin, y hermanos Luc, Michel, y Paul. En un momento de la película el Hermano Luc escribe:

En cierta ocasión Pascal dijo: “Los hombres nunca cometen el mal más plena y alegremente que cuando lo hacen por convicciones religiosas” Aquí todo es confusión y violencia. Estamos en una situación de riesgo, pero resistimos gracias a nuestra fe y nuestra confianza en Dios. La pobreza, el fracaso y la muerte son los caminos que conducen hasta Él. Las lluvias torrenciales y devastadoras no han extinguido la violencia que se infiltra por todas partes, se enfrentan dos partidos, uno quiere conservar el poder y el otro quiere arrebatárselo, es una lucha sin cuartel, ¡No sé cuándo acabará esto! Entre tanto sigo con mi labor de atender a los pobres y enfermos hasta que llegue el día o la hora de cerrar mis ojos. Querido amigo reza por mí para que mi partida de este mundo se haga en la alegría y la paz de Jesús.

Unas palabras que me estremecen y me invitan a seguir en mi donación voluntaria y total a Cristo, mi Señor y Salvador. Ojala sea yo igual de valiente y entregue mi vida por causa del reino de Dios. Feliz día, les dejo el tráiler y un link (monjes) para conocer más de esta historia.


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