viernes, 27 de mayo de 2011

Llantos vocacionales...

¿Y quién llora una vocación que se va, o que se pierde? ¿Quien se preocupa por el que decide dejar todo lo que tomó por dejarlo todo? El llamado de Dios es inequívoco, Dios a diferencia de nosotros no se fija en apariencias, Él mira el corazón, mira nuestro potencial. Cree en nosotros como personas que hemos sido creadas por Él.

¿Quién lamenta la deserción en un seminario? Las manos que traen a Cristo Eucaristía se marchitan con el tiempo y mueren, ¿quién les sustituirá? ¿Dónde estamos invirtiendo nuestras oraciones? Los seminarios cada vez quedan más vacios, ¡no hay vocaciones! ¿Será que Cristo dejó de llamar? Nada que ver con eso, el llamado como sirena a la hora pico sigue sonando; es el ruido de nuestro mundo que lo vela cada vez mas. Pero Cristo sigue llamando.

¿Quien escucha el lamento de un árbol de vocación caer? Será a futuro un altar de la Eucaristía menos, un confesor menos, un párroco menos. Oremos por nuestras vocaciones, para que el dueño de la mies envíe operarios a su viña y fortalezca a los que están. Saludos.

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