miércoles, 16 de marzo de 2011

Recordando...

Saludos a todos!!!
Hoy me he recordado de mi antiguo párroco, dio el empujón final para que yo entrara en el seminario. Hoy día el está en Madrid estudiando, yo en el seminario formándome. Les dejo algo de su autoria, me reí mucho cuando lo publico en su blog.

En el proceso de canonización de San Silverio, Ceremoniero, hemos consultado al anciano P. Rafael Villalobos, quién fuese su párroco en el momento de su maririo. Actualmente, a sus 99 años de edad y desde los 28 ejerce con capellán del Manicomio del Km 39 vía El Moján. Encontrámos al venerable sacerdote en una de sus tareas diarias: tejer camisas de fuerza de gala para sus fieles. Y nos cuenta:
"Sí, lo recuerdo bien. Silverio era un cristiano excelente. Su martirio se llevó a cabo cuando viajábamos en un paseo en lancha hasta la isla de Maraca. Hubo una fuerte ola. La lancha se agitó y Silverio salió disparado al mar. Parecía un ángel de Dios (al menos hasta que cayó al agua). Luego pronunció esas frases que quedarán grabadas en la historia como el testimonio de su santidad. Lo recuerdo como si hubiera sido anteayer: En cuanto cayó al agua gritó: "¡Auxilio, me ahogo!" como queriendo decir que se ahogaba en el amor de Dios. Nosotros estábamos extasiados ante esas palabras de sabiduría. Y luego, su segunda palabra: "¡¿Qué ven tanto?! ¡¡¡Tírenme un salvavidas!!! Claro, nosotros sabíamos que se referería al sacramento de la confesión. ¡Cómo apreciaba los medios de santificación!. Nadie se movía ante tal despliegue de ciencia infusa. Luego gritó con todas sus fuerzas "¡¡Desgraciado!! !!¿¿ No me piensas ayudar??!!" Recordándonos así que si no amábamos a nuestros hermanos no estaríamos en gracia. Luego vino el momento del martirio. Una Tiburón Blanco se acercó y cruelmente lo empezó a masticar y a masticar y a masticar. Fue su última frase. "¡Señor, te adoro!" Claro que entre mascada y mascada se escuchaba así como ¡Glu, Glu, me ahogo!... ¡Qué vida tan ejemplar! Hasta en el muerte adoraba a su Señor" Así, el conmovido sacerdote recordaba la santa muerte de quién será conocido como el santo patrono de los fabricantes de chicle y caramelos masticables: San Silverio, el Ceremoniero.
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