martes, 1 de marzo de 2011

Gastarse por el Señor...


Cuando me acerqué a la capilla para orar, ya él estaba allí, no era necesario que lo escuchara decir algo, era evidente que había nacido para eso, y sólo con verlo, ya me decía mucho.

Estaba frente al sagrario y realmente irradiaba, era todo un testimonio de paz y de serenidad. Mientras que yo, pensando en mil cosas que hacer para agradarte, Señor, y hacer que muchos se acercaran a Ti, entre para hacer una oración “rapidita”

Quedé absorto con aquella sencillez y constancia, sabía que no se iría de allí definitivamente se gastaría por el Señor, y con eso se realizaría a plenitud.

Permíteme realizarme igualmente a mí, Señor; gastarme frente a tu sagrario en constante oración, ser luz que indique a mis hermanos tu presencia entre nosotros, como aquel cirio que me hizo reflexionar una tarde en la capilla.

Horacio

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