miércoles, 16 de febrero de 2011

Huele a ordenación diaconal…

Dios no se cansa de llamarnos a seguirle, a unos les llama a seguirle en la vida matrimonial y a otros nos invita a seguirle a él, para que su amor se dé a conocer a todos. Cristo en su estadía acá en la tierra llamo a un grupo de amigos que le siguieron hasta dar su vida por la causa de su EVANGELIO. Hoy en día esos amigos de Jesús están representados en los diáconos, sacerdotes y obispos que han mantenido resonando el kerigma de la Buena Nueva del Reino de Dios que es Jesús mismo.

En el seminario donde estudio, “huele a ordenación Diaconal”, muy probablemente cuatro hermanos en la vocación que ya están más adelantados que yo sean Ordenados en los próximos días Diáconos.

Sepamos que el término diácono, según el diccionario abreviado de pastoral, significa el que sirve a la mesa o servidor. En san Pablo equivale al servidor de Dios o de la comunidad. Finalmente, se llamará diácono al que ejerce un determinado ministerio en la comunidad, es decir, a quien desarrolla un servicio en pro de los hermanos y de los hombres o de la solidaridad. El diaconado fue desde el comienzo de la iglesia un servicio especial caracterizado por la ayuda en el culto, la asistencia a los pobres y la dirección de la comunidad. Dicho de otro modo, el cristianismo evangélico puso el acento en la diaconía y en la liturgia, al utilizar tanto el verbo diakoneo como leitourgeo, pero sin oponerlos, ya que lo decisivo es el servicio a los hermanos a partir del altar, y la liturgia es una diaconía. Los diáconos primitivos suplían a los presbíteros en la celebración de algunos sacramentos, enseñaban al pueblo y administraban los bienes de la iglesia.

Me abandono a sus oraciones. Dios los bendiga.

No se olviden de visitar el Blog del amigo Alberto: http://ajquintero.blogspot.com/

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