martes, 1 de febrero de 2011

Este, Otro, Alguien. ¿Dónde estás tú?

Este iba saliendo del comedor había degustado un almuerzo espectacular, era jueves y los cocineros se habían esmerado. Mientras caminaba por el pasillo saludo a unos que otros compañeros, que se topaba estacionados dándole al discurso noticioso tipo del medio día.

Este llego a una pequeña sala de recibo, dejó caer su humanidad de 105 kilos sobre uno de los muebles que estaban adornando la sala. Extasiado miraba al techo y el nacimiento que había a un rincón de la estancia. Al rato llegaron tres personas más y coparon los puestos de los muebles, la conversación se inicio alegremente, ¡Cristo es lo máximo!, decía el primero, el segundo vociferaba el mensaje de Cristo referente a que si estuvo preso y lo visitaron… lo comparaba con las personas necesitadas y humildes de las que nadie se acuerda, el tercero escuchaba y absorto en sus pensamientos habló automatamente de lo bien que se siente el oír el chirrío de los pericos en el solar de la casa. Este apoyaba lo dicho por el primero y el segundo diciendo: “Es que los pobres son el tesoro de la Iglesia” decir esto y defenderlo le costó la vida a San Esteban. Al fin la conversación culmino escasos 15 minutos, un concierto de bostezos somnolientos los hizo levantar con ganas de morir en brazos de Morfeo.

Todos se levantaron e iniciaron su marcha, vieron llegara Otro vestido de militar, la puerta de vidrio estaba cerrada, todos ya se marchaban sin hacer caso al otro vestido de militar que se asomaba a la puerta de vidrio, Este viéndolo y queriendo ser atento abre la puerta preguntando lo que se le ofrecía. El Otro vestido de militar sudorosamente y un tanto desorbitado pregunta por Alguien que siempre iba al lugar donde vive este Otro vestido de militar siempre que se lo pedían, Este le dice que el Alguien a quien el busca ya no vive allí que se mudo 5 cuadras más abajo.

El Otro se lamenta y piensa en vos alta: bueno seguiré caminando, vengo caminando desde un punto muy lejos buscando esta dirección. Este le explico que el Alguien a quien él buscaba no vivía lejos de allí, solo tenía que bajar una gran empinada, contar dos cuadras y luego cruzar a la derecha, después de una cuadra allí encontraría muy seguramente al Alguien que él buscaba. En el Otro se notaba la cara de cansancio, sudor, sed y hambre; mas sin embargo Este no le dio mucha importancia total era militar. Este queriendo ser amable y con ello callar su conciencia le explica que el Alguien que él buscaba desde hace varios años ya no vive allí y que solo va por esos lados muy esporádicamente. El Otro le dice lo amable y atento que es con el y sus otros compañeros este alguien. Ambos se despiden, Este entra a sus aposentos y el Otro retoma su marcha a pleno sol de inicio de la tarde.

De eso hace una semana, Este solo piensa en la frase del Evangelio: Porque yo tuve hambre y me diste de comer, estaba desnudo y me abrigaste, enfermo y me curaste, sin techo y me alojaste en tu casa Sera que de verdad era el mismo Cristo el que llegaba a la puerta de su vida y el sin mas ni menos lo había ignorado. Que dolor sentía en su corazón, no había podido servir por quien el a querido entregar la vida en la fogata del servir.

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