domingo, 23 de enero de 2011

Santidad eterna...

Hoy domingo día del Señor, deseo que su Gracia se acreciente en ustedes en virtud del bautismo que hemos recibido.

Hoy después de la reunión de comunidad que hemos tenido en el seminario, junto a un compañero de curso revisábamos en su laptop (mi laptop ya ni eso quiere hacer) unos cd’s de videos variados que tenía guardado en mi arsenal fílmico. Entre ellos encontramos uno que contenía varias películas entre ellas: La lista de Shindler, La sociedad de los poetas muertos, Los miserables, Legiones romanas y Santos incorruptos.

Hablamos de lo excelente que eran las tres primeras películas. Pero nos quedamos viendo la última ‘Santos Incorruptos” comenzamos dos viendo el documental y terminamos seis vociferando el maravilloso tesoro de nuestra Iglesia.

Hemos de recordar que un santo incorrupto no nace o se hace de la noche a la mañana. Pero lo que caracteriza a estos es el estado de sus cuerpos después de su fallecimiento. Tenemos una enorme lista de hombres y mujeres de destacada vida de santidad que después de muchos anos encontraron sus cuerpos intactos y con un inexplicable aroma tan dulce que se asocia a la santidad.

Todos estamos llamados a ser Santos; a esforzarnos no por una incorruptibilidad material sino por una salvación eterna que solo nos la otorga Cristo. Estoy seguro que estos santos en ningún momento pensaron en que serian venerados hoy día. Se afanaban mas por agradar a Cristo con las buenas obras, en amar a Cristo en el hermano enfermo, hambriento, desnudo; se preocupaban por el otro despreocupándose de sí mismos.

Hermanos preocupémonos por los bienes celestes que solo se alcanzan con obras llenas de amos para con nuestro prójimo. Que el Señor, nos brinde la oportunidad de descubrirle en el hermano necesitado. Feliz domingo del Seño. Me abandono a sus oraciones.

Les dejo un PowerPoint que me envió una buena amiga:

La cara oculta de la Iglesia

Honra, reverencia y respeta con especial amor a la Virgen María

Honra, reverencia y respeta con especial amor a la sagrada y gloriosa Virgen María, porque es Madre de nuestro Padre soberano y, por consiguiente, nuestra Madre. Recurramos pues, a ella, y como hijos suyos echémonos en su regazo en todo tiempo y ocurrencia, con firme confianza, invoquemos a esta dulce Madre, imploremos su amor maternal, procuremos imitar sus virtudes y tengamos un afecto verdaderamente filial con esta gran Señora. San Francisco de Sales
Introducción a la vida devota, II, 1

Publicar un comentario