lunes, 27 de diciembre de 2010

Y aun hoy es Navidad...

" Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria..." (Juan 1:14)

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Al hablar en una conferencia del Pontificio Consejo de la Salud, inaugurada el 17 de noviembre del 2000 en el Vaticano, el Cardenal Castrillón Hoyos, Prefecto de la Congregación para el Clero, explicó: "Hace 2000 años, un óvulo fue milagrosamente fecundado por la acción sobrenatural de Dios. De esta maravillosa unión -precisó- resultó un zigoto con un patrimonio cromosómico propio. Pero en este zigoto estaba el Verbo encarnado".

"Después de siete días -prosiguió- tuvo lugar el implante y Dios se convirtió en un embrión humano. Este embrión era el Hijo de Dios y en El residía la salvación de todos los hombres. El óvulo fecundado se fue desarrollando lentamente y, a medida que procedía la división, comenzó su diferenciación y el crecimiento de sus primeros tejidos, órganos y aparatos."

En el primer mes de embarazo, agregó el purpurado, "cuando el feto medía entre 0,8 y 1,5 cm, el corazón de Dios comenzó a latir con la fuerza del corazón de María, y Cristo comenzó a utilizar el cordón umbilical para alimentarse a través de su madre, la Inmaculada Virgen. Era totalmente dependiente de un ser humano, pero tenía una total autonomía genética".

Durante los nueve meses, "el Verbo de Dios" vivió en el líquido amniótico, en la placenta de su madre, para luego nacer en Belén.

El cardenal dijo que "en 2000 años el hombre aprendió muchas cosas y ha dado pasos de gigante en la comprensión de los grandes procesos de la vida humana. Precisamente ahora, que conocemos más al hombre, que la medicina ha penetrado en el secreto de la transmisión de la vida, que avanzamos en la técnica y en la ciencia médica; avancemos también en el respeto de este maravilloso don de Dios".

En este tiempo de Navidad, tomemos conciencia del maravilloso don de la vida. Dios, que se encarnó en un ser humano y habitó entre nosotros, dignificó aún más de este modo a toda persona humana. ¡Feliz Navidad!

Dios se hizo carne de nuestra carne, cuanta alegría y regocijo.

Sem. SIlverio Osorio

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