martes, 21 de diciembre de 2010

No hay Navidad si Jesús...




El efecto de la globalización nos ha traído grades avances tecnológicos, científicos, económicos; y muchas deformaciones culturales y tergiversación de la religión.
Hoy 21 de diciembre cuando presenciamos el solsticio de invierno (ver enlace) se ha propagado una celebración afanada del espíritu de la navidad (si, en minúscula) ya que se olvida por completo lo que celebraremos tres días después.
Al respecto de esto el Pastor Presbiteriano Obed Juan Vizcaíno Nájera, ha publicado algo en su facebook y me ha parecido oportuno compartirlo, Dios los cuide.
Abrió las puertas y ventanas de su casa, llenó sus mesas de sabrosos platos y de dulces esplendidos, esperaba al Espíritu de la Navidad. Veintiuno de Diciembre, como si esa fuera una fecha más importante que la que vendría tres días después.
Quizás esta es una tradición nórdica precristiana, una de las tan
tas que hemos importado con el afán de hacer a nuestra festividad decembrina más ligada a un sentimiento personal de poseer más, de tener más, esto ha hecho que la gente se olvide que la navidad cristiana tiene su origen en la pobreza de un Dios que quiso encarnarse como ser humano, sin aferrarse a su condición divina.
Esperaba que ese día llegara a su casa la prosperidad, la riqueza, el lujo, por eso no había escatimado en adornar su casa con luces, colores, cortinajes y ricos manjares. La ropa de él y de su familia era la más apropiada. El feng Shui, había
sido perfecto, para preparar la escena en la cual recibiría al Espíritu de la Navidad, cada cosa estaba en su lugar mágico y apropiado.
Esperaba una gran fuerza del universo que viniera del centro de alguna poderosa galaxia, olvidándose del creador de esa galaxia y su fuerza, Dios.
Ya casi eran las doce de la medianoche, empezó a descorchar una costosa botella de Champagne, lo serviría en copas de cristales y detonaría una gran cantidad de fuegos artificiales, ese sería el gran momento de esta navidad, ninguna otra fecha en el calendario más importante que este día.

El incienso de limón comenzó a desprender su aroma, se oía buena música, que según se cree remueven las energías estancadas en los rincones de la gran casa, para que las pueda consumir el humo de incienso. Luego se limpia esas partes con una solución de incienso de miel o mandarina, con un trapo limpio y sin uso.
Cuando destapó la botella del Caro Champagne, el corcho salió disparado como un cohete y le pegó al viejo nacimiento que había heredado de su abuela. El pequeño pesebre de arcilla se rompió en unos cuantos pedazos. El golpe lo sacó del rincón en el cual estaba escondido, e ignorado encima de una vitrina, cayó al piso de mármol, y el niño Jesús se quedó sin su improvisada cuna que se quebró.
Su hijo menor levantó al niño Jesús que a pesar del golpe todavía conservaba su dulce sonrisa, su hija mayor recogió los pedazos del pesebre y se lo ofreció a su madre, quien lo recibió con lagrimasen los ojos, ella mirando a su esposo comenzó a recitar aquellas palabras que todas las Noches Buenas repetían con devoción los abuelos: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza”.
Casi inmediatamente, su familia comenzó a cantar aquella hermosa canción que siempre entonaban la abuela y el abuelo antes de cenar en Noche Buena:
Tú dejaste tu trono y corona por mí,
Al venir a Belén a nacer;
Mas a ti no fue dado el entrar al mesón
Y en establo te hicieron nacer.
Ven a mí corazón, ¡oh Cristo!
Pues en él hay lugar para ti.
Ven a mí corazón, ¡oh Cristo! ¡Ven!
Pues en él hay lugar para ti.
Siempre pueden las zorras sus cuevas tener,
Y las aves sus nidos también;
Mas el Hijo del Hombre no tuvo un lugar
En el cual reclinara su sien.
Alabanzas sublimes los cielos darán,
Cuando vengas glorioso de allí,
Y tu voz entre nubes dirá: "Ven a mí,
Que hay lugar junto a mí para ti."
En ese momento entendió que la verdadera Navidad
es Jesús, y que Él escogió nacer entre los pobres. Comprendió que no hay Navidad sin pesebre, sin establo. Apagó las luces, aflojó su costosa corbata de seda, se quitó su traje, abandonó el costoso champagne al lado de todos aquellos manjares, se abrazó a su familia.
En ese momento comprendió la necesidad de darle a Jesús un lugar en su corazón. En ese momento el verdadero espíritu de la navidad, el Espíritu Santo, entro en su corazón y le hizo comprender el verdadero significado de la navidad.
Vamos a dormir- Dijo con lagrimas en los ojos -todavía faltan tres días para festejar verdaderamente la Navidad-

Se fue a la cama cantando:
-Ven a mí corazón, ¡oh Cristo! Pues en él hay lugar para ti. Ven a mí corazón, ¡oh Cristo! ¡Ven! Pues en él hay lugar para ti-
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