lunes, 20 de diciembre de 2010

las siete Grandes Antífonas “O”


No sé si les había comentado lo mucho que me gusta la Navidad y en especial los días previos a su llegada. Leyendo encontré el manual La flor de la liturgia renovada, (1984) y en el encontré lo que ya había notado, que en la última semana son incesantes los saludos de bienvenida, y de múltiples tonos. Ya las laudes del IV domingo cantan así:

“Tocad las trompetas en Sión, porque el día del Señor está cerca, y viene a salvarnos, aleluya. Se enderezarán los caminos tortuosos, los ásperos se allanarán. Ven, Señor, no tardes. Corred a Su encuentro. Es el Dios Fuerte, el Dominador, el Príncipe de la Paz, aleluya…”.

Y sigue, un día y otro y otro:

“Felices los que salen a Su encuentro. Con El llega la plenitud de los tiempos; viene a salvar a su Pueblo; nos trae la Gracia y la Verdad; ¡no tardes, Señor, en llegar hasta nosotros, tienes

que lavar a tu Pueblo de sus maldades!

Y la víspera de Navidad rezaremos:

“Judea y Jerusalén (es decir el mundo entero) no temáis, esperad con paciencia: mañana, cuando salgáis encontraréis al Señor con vosotros, aleluya. Lo veréis lleno de gloria. Mañana desaparecerá la iniquidad de la tierra; mañana reinará sobre nosotros el salvador del mundo; mañana seréis salvos”

“Mañana saldrá, como el sol, el Salvador del mundo, y

descenderá al seno de la Virgen, como la lluvia a la pradera, aleluya”.

Cada antífona está cargada de un gozo pascual, alegría sobrenatural y regocijo espiritual por el advenimiento del Mesías y Salvador.

Pero, de todas las antífonas de Adviento, y de toda la liturgia, las más solemnes y célebres son las siete Grandes Antífonas “O”, de las vísperas d

el día 17 al 23 de diciembre, otros los conocen con el nombre de los “Gozos del niño Dios”. Así se llaman porque todas empiezan con esa exclamación y un título bíblico para el Mesías prometido, y por llegar.

Durante ese septenario, dichas antífonas preceden y siguen repetidamente al cántico mariano “Magníficat”. Doctrinalmente sintetizan el meollo de la historia de la salvación en forma oracional, contundente, apremiante, siempre actual. En la liturgia de las horas las encontramos en el cántico evangélico de las vísperas, veamos cuales son:

¡Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad,

ven y muéstranos el camino de la salvación!

¡Oh Adonaí (Señor), Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo!

¡Oh renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más!

¡Oh llave de David y cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombras de muerte!

¡Oh sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte!

¡Oh Rey de las naciones y deseado de los pueblos, piedra angular de la Iglesia que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!

No puedo dejar pasar esta oportunidad. Hoy escuchamos el Evangelio de la anunciación, San Lucas nos lo cuenta en 1,26-38. Una majestuosa escena representada en este Icono y que simboliza lo siguiente:

1- La Virgen baja la cabeza al oír al ángel, y responde a su saludo con la mano derecha, mientras Cristo toma forma en su seno. Jesús está representado simbólicamente entre los pliegues del manto, como si naciera del hilo púrpura de la madeja que tiene María en la otra mano.

2- La solemnidad arcaica del arcángel se manifiesta en la dulce firmeza del movimiento bendecidor de su brazo.

3- La condición humana de María se simboliza con la túnica verde-azul, y el manto de color rojo indica que ha sido revestida de realeza divina. La tarima en que apoya los pies la sitúa en una dimensión sagrada y regia.

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