martes, 30 de noviembre de 2010

VÍAS DE LA VIDA MÍSTICA

Saludos a todos, estos días algo perdido, pero ya de vuelta. Hay muchas razones para celebrar, espero mañana poderles contar. Hoy les dejo con algo mas interesante que he aprendido en las clases de Teología.

La perfección del hombre en el plano espiritual se está siempre haciendo mientras peregrina en este mundo. La santidad o participación en 1a vida divina por Cristo en el Espíritu Santo, se despliega dinámica y progresivamente hacia una meta relativa, la medida de Cristo en cada uno de nosotros, que será consumada cuando la condición temporal del hombre termine y su modo de existir quede fijado en la eternidad de Dios. Dinamismo temporal, progresivo, con tendencia escatológica hacia su estado definitivo. Es un desarrollo vital, más que abstracto y conceptual. Dios no se perfecciona, sino que es. El hombre se perfecciona, se hace, mientras transcurre su condición de viator en la medida de su libre respuesta al don de Dios.

Existen los llamados tres grados o tres vías, ha prevalecido el esquema tripartito, de una simplificación excesiva, y como antes se dijo, no se puede entender como algo estático, como si fueran posibles en la vida espiritual cortes determinados y secos. Únicamente quiere con ello indicarse que en ese progresar de la vida, y contemplándola en cuanto sea posible en su totalidad, hay tres momentos principales: comienzo, estado intermedio y final.

  • Vía purgativa: El alma se purifica de sus vicios y sus pecados mediante la penitencia y la oración. Las atracciones por sí mismas no tienen por qué ser malas pero sí lo es el apego o gusto que provocan en la memoria, porque la impide orientarse plenamente hacia Dios. La privación corporal y la oración son los principales medios purgativos. Lo que caracteriza a la vía purgativa o estado de los principiantes, es la purificación del alma para llegar a la unión íntima con Dios. Se puede lograr una purificación perfecta en la medida en que se consideren cada una de las razones y afectos que llevan a entregarse a este proceso; será imperfecta la purificación, si a ella nos mueve razones de temor y de esperanzas, temor del infierno y esperanza del cielo y de los bienes celestes. Esta purificación es perfecta si tiene por principal motivo el amor a Dios, el deseo de agradarle, y por ende de evitar todo cuanto pudiera ofenderle aunque fuera ligeramente.

  • Vía iluminativa: Una vez purificada, el alma se ilumina al someterse total, única y completamente a la voluntad de Dios. El alma se halla ya limpia y en un desamparo y angustia interior inmensos, arrojada a lo que es por sí sola sin el contacto de Dios. El demonio tienta entonces y el alma debe soportar todo tipo de tentaciones y seguir la luz de la fe confiando en ella y sin engañarse mediante una continua introspección en busca de Dios. Pero ha de ser humilde, ya que si Dios no quiere, es imposible la unión mística, pues la decisión corresponde a Él.

  • Vía unitiva: El alma se une a Dios, produciéndose el éxtasis que anula los sentidos. A este punto sólo pueden llegar los elegidos y es muy difícil describirlo con palabras porque el pobre instrumento de la lengua humana, ni siquiera en forma poética, puede describir una experiencia tan intensa: se trata de una experiencia inefable. El hecho de haber alcanzado la vía unitiva puede manifestarse con los llamados estigmas o llagas sagradas (las heridas que sufrió Cristo en la cruz), con fenómenos de levitación del santo y con episodios de bilocación (es decir, encontrarse en varios lugares al mismo tiempo). El santo, porque ya lo es al sufrir este tipo de unión, no puede describir sino sólo aproximadamente lo que le ha pasado.

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