lunes, 1 de noviembre de 2010

El triunfo de los elegidos en el cielo


Saludos, feliz día de su Santo. Hoy la Iglesia universal conmemora esta realidad a la cual todos estamos llamados, a la Santidad. La liturgia de hoy es hermosa, la lectura del libro del apostos San Juan y su visión apocalíptica nos muestra una muchedumbre grande, que nadie podía contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua, que estaban delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con palmas en sus manos. Estos son los santos, hombres y mujeres como tú y yo que se creyeron la palabra del Señor Jesucristo al llamarnos “Bienaventurados”, las hicieron suyas y realizaron en sus vidas todo un programa de vida partiendo de este llamado.

La antífona del invitatorio de las laudes nos dice: “Venid, adoremos al Señor, a quien glorifican la asamblea de los santos”. Y continúa el elenco de antífonas hermosas, que glorifican a Dios por medio de los Santos.

Admirable es tu nombre, Señor, porque coronaste de gloria y dignidad a tus Santos y les diste el mando sobre las obras de tus manos.

A tus santos, Señor, les enseñaste el sendero de la vida; ahora los sacias de gozo en tu presencia.

Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno. Aleluya.

Los santos brillarán como el sol en el reino de su Padre. Aleluya.

Son muchas las antífonas que nos propone la liturgia de las horas en el día de hoy para honrar a los Santos. Pidamos al Señor Jesucristo que nos infunda el deseo de la Santidad.

Feliz día, me abandono a sus oraciones.

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