sábado, 6 de noviembre de 2010

11 años consagrado al Señor...

Llegando del aniversario Sacerdotal de un sacerdote amigo, el Padre José Gregorio Pineda Morillo. Un hombre sencillo y lleno de Dios; que confía en la providencia del Señor y se abandona en las manos de María Santísima. Les dejo la homilía:

Parroquia Nuestra Señora del Rosario
XXXII domingo del tiempo ordinario
XI aniversario sacerdotal de los Pbros:

Rafael Morales, Eduardo Sulbarán, Max Güerere 
y José Gregorio Pineda.

Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará.

Queridos hermanos el tema de la palabra de Dios de esta semana es la Resurrección, resucitamos o no resucitamos; ¿hay vida eterna o no?. Este es el centro del misterio de nuestra fe, Cristo vivo y resucitado, quien ha prometido que todo aquel que crea e él vivirá para siempre, así le dijo a Martha cuando fue a visitarla por la muerte de Lázaro, y Martha le respondió, “Sí Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo” (Jn 11). ¿Quiénes son los no creen en la resurrección? El evangelio nos dice hoy que son los saduceos.
Los saduceos, grupo religioso que se enfrentaba a Jesús constantemente, negaban la resurrección, casi se reían de ella, se presentan ante él para plantearle un caso extremo, la mujer que se casa con siete hermanos para poder dejar descendencia, cuando resuciten ¿de quién será esposa?, Jesús les respondió: En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles.
Los saduceos no necesitaban creer en la resurrección, porque su vida era plena, vivían muy bien con mucho placer, comida, bebida, lujos, para que creer que había una vida mejor, imposible. Su  vida era el presente y nada mas, y aunque estaban frente al que les podía asegurar el paso a la eternidad, no lo vieron, les pasó como al joven rico del evangelio, a quien Jesús invitó a seguirle para ganar la vida eterna, pero no le hizo caso porque su corazón estaba enraizado en sus bienes. Así son los saduceos, se ríen de la resurrección, pero recordemos las frases de Jesús en Lc 6: ¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas”
Nosotros podríamos ser saduceos, cuando nos acomodamos a este mundo, a sus criterios, cuando el placer, la comodidad y el lujo nos ciegan y hacen que perdamos las pistas de lo eterno, de la resurrección. Cuando no queremos cargar con nuestra cruz o  rechazamos el sufrimiento. O cuando hay fariseos a nuestro alrededor, que se ríen de Dios, de la Eucaristía, de los consagrados, de los pobres  y nosotros nos camuflajeamos para que no se descubra nuestra fe y compromiso bautismal, de cierta forma somos saduceos.
Algunas veces he hablado del martirio como prueba de fidelidad y amor a Dios, es lo que nos presenta el libro de los macabeos, siete hermanos a quienes se les quería obligar a comer carne de cerdo, lo cual iba en contra de la ley del Señor, y pareciera algo muy sencillo, es una pequeña ley, y con ella ganamos la vida, pero Jesús nos recuerda que yodo aquel que quiera ganar la vida, la perderá y el que la pierda por él, la ganará,  el que es fiel en lo poco, lo es en lo mucho. Estos hermanos son ejemplo del deseo de querer resucitar y de creer en esta promesa hecha por Dios. Con ellos renovamos nuestro deseo de estar con Dios para siempre y de prepararnos en esta vida para resucitar, como diremos en un momento en el credo “ creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna”
Quizá hoy muchos nos quieren engañar para que comamos carne de cerdo, y no me refiero a la carne de cerdo como tal, sino a todas las presiones que cada día tenemos a nuestro alrededor para ser infieles al Señor que nos ama tanto, para faltar a las reglas y leyes que dirigen nuestras vidas. Por ejemplo, rechazar el dolor y la cruz diciéndonos, tú tienes derecho a ser feliz ¿para que sufrir?. Eres el dueño de tu vida y de tu cuerpo, haz lo que quieras,  matemos al  anciano y enfermo terminal que son un estorbo y nos quitan tiempo. Desaparezcamos al feto para cubrir nuestros desórdenes sexuales. Bebe, come, drógate y te sentirá en el paraíso, miente y salte con la tuya. Aplasta al otro porque es tu competencia y serás poderoso. Solo siendo fieles y amando nos podremos salvar.
Oremos para que seamos fuertes, busquemos al Señor que se deja encontrar, para que sea nuestro refugio. Digamos como el salmista: A la sombra de tus alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante.
Esa experiencia la hemos vivido el padre Rafael Morales y yo, porque estos 11 años de ministerio han sido alimentados por la presencia de Jesús, quien ha guiado todo. Le damos gracias porque nos asoció a su ministerio de salvación. El sacerdocio es un don y así lo vivimos. No como algo nuestro, sino como don de Jesús para su Iglesia. En el sacerdote Jesús se hace presente para sanar y salvar al hombre de todos lo tiempos, es quien levanta la copa de la salvación y hace realidad la buena noticia. Oren por nosotros, para que no hagamos nuestra voluntad, sino la de Dios, y que eso nos llene de alegría.
Señor Jesús llama a muchos jóvenes de esta parroquia, anímales para que dejándolo todo se ponga a tu servicio en los hermanos, especialmente te pido por los servidores del altar para que se enamoren de la Eucaristía y desde allí los llames a tu servicio. Amén
Señor, danos sacerdotes…
Pbro. José Gregorio Pineda

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