viernes, 15 de octubre de 2010

La profundidad de nuestra separación...

Dios no se muda de nuestras vidas. Dios siempre se va a quedar; por más que tratemos y hagamos por cambiarlo de lugar, El estará allí, junto a ti, a mí, a todos.

El rescate de los mineros Chilenos ha sido la noticia que le da la vuelta al mundo en estos días. Rescatar a 33 hombres a 700mts de profundidad bajo la tierra ha sido una proeza de la capacidad del ser humano en sus ganas de sobrevivir. Es loable, sorprendente y digno de admirar.

Pero, acá en la superficie, donde todos estamos y convivimos; nos cuesta tanto poder ayudar o salvar a nuestro prójimo. Nos cuesta tanto saber cómo amaneció mi vecino, o soy tan indiferente a saber si mi hermano necesita algo de lo que me sobra. ¿Será que hemos dejado que los problemas se conviertan en gríngolas de caballos de carreras y solo miramos adelante? o ¿es que estamos tan anonadados por la tecnología, la moda y otras cosas efímeras que fijamos nuestra primordial atención solo en estas cosas?

Ah, pero sucede que si doy de comer algo a un necesitado, quiero que todos los sepan, o que hasta la prensa me retrate y publique un reportaje. No así hermanos, no así. La misma palabra de Dios nos invita en el Evangelio de San Mateo 6,3: Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha. Otras traducciones nos dice: No se lo cuentes ni siquiera a tu más íntimo amigo: que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha.

Hermanos hay más alegría en dar que en recibir, no permitamos que nuestro orgullo sea convierta en distancias profundas de 700mts para poder tender la mano al prójimo. Que nuestra fe fortalecida en Cristo nos permita ser Cristianos que demos ejemplo de unión, fraternidad y solidaridad.

Hasta pronto, una oración por mi perseverancia.

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