martes, 10 de agosto de 2010

Misiones 2000, El guayabo.


La emoción de la misión anterior en la palmita nos había dejado un sabor a aventura y a ganas de llevar el mensaje de Dios a todos. Nos hicimos llamar Catequistas misioneros valientes en Cristo. En los encuentros con los niños les hacíamos ver la necesidad de llevar la Buena Nueva del Reino a todos.

Llego el mes de agosto y ya estábamos preparados para nuestras nuevas misiones. En esa oportunidad era nuestro párroco el padre Lenin Bohórquez, un sacerdote que nos enseño lo bueno de hacer las cosas bien y fue nuestro director espiritual por muchos años.

Él mismo nos propuso el lugar de misiones, nos envió al sur del estado Zulia a un pueblito llamado El Guayabo, el contacto y todo lo demás lo hizo el padre y uno de los jóvenes del grupo, nosotros solo debíamos llegar y arrancar las misiones.

Salimos el viernes por la noche a eso de las 5 de la tarde, fue largo el viaje y llevábamos una algazara en el autobús, hablábamos casi con todos los pasajeros. Al llegar casi a las 11 de la noche, nos recibió un joven que había delegado el padre, cenamos y nos instalamos.

Al día siguiente conocimos al padre, se hizo la distribución de las actividades y se comenzó a conocer el sector, que era bastante grande. En la tarde fue la Santa Eucaristía y el envío. Se celebraba ese día La fiesta de la Transfiguración del Señor y al finalizar la homilía nos leyó Lucas 10, 1-7 nunca se me olvidara ese momento, estábamos 15 jóvenes de rodillas ante el altar, el padre paso imponiéndonos las manos y orando, luego roció con agua bendita y nos presento ante la comunidad.

Se visitaron enfermos, se evangelizó, se trabajo cono los niños y jóvenes, se dicto un taller de catequesis y se convoco a todos los grupos de apostolado para una híper jornada de evangelización ecuménica, había mucha gente y verdaderamente Cristo de hizo presente.

Recuerdo que en una oportunidad salimos a evangelizar y nos callo un fuerte aguacero. Al llegar a la parroquia, aturdimos al coordinador para que buscara medicamentos contra el resfriado para prevenir y el coordinador no los tenia a mano, se formó una discusión y llego el padre (Carlos, no se los había dicho) escuchando la discusión fuertemente nos exhorto a confiar mas en la palabra de Dios, que si el esta con nosotros nada nos sucederá, que su palabra tiene vida eterna y que dejáramos las niñerías. Fue una noche de aprendizaje.

Conocimos a un seminarista Darío Porras, nos enseño a actuar como mimos, así que el sábado nos fuimos al mercado y de esa forma evangelizamos. Cristo se hace presente en todas partes.

Dios se vale de muchos medios para llamarnos, sentía que mi corazón ardía y era muy feliz haciendo eso por Cristo, pero yo miraba a otro lugar, aun no pensaba en seguirle definitivamente.

Un saludo fraterno y por favor una oración por mi perseverancia y otra por mis amigos.

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