jueves, 12 de agosto de 2010

El Hijo recibe a la Madre en el cielo


Saludos a todos, Dios los cuide.

El próximo domingo estaremos celebrando la Asunción de Santa María Virgen, les dejo el link para que vayamos leyendo las lecturas y meditando en la:

« ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»

Cuando una fiesta litúrgica cae en día Domingo tiene que tocar muy de cerca el misterio de Jesucristo para que su liturgia propia prevalezca sobre el día del Señor. El 15 de agosto la Iglesia celebra la solemnidad de la Asunción de la Virgen María a los cielos. Se trata del triunfo de la Madre por mérito del Hijo Amado. Su celebración no hace sino realzar la grandeza de su Hijo Jesús que ha reconciliado todas las realidades que se encontraban separadas de Dios venciendo, con su Resurrección, el último enemigo que oprimía al hombre: la muerte.

La fiesta nos recuerda lo grandioso de nuestra vocación: todos hemos sido creados para participar de la gloria eterna como ya participa de manera plena y anticipada, nuestra Madre María. María es la mujer que ha sido escogida por Dios para la sublime misión de ser Madre de Jesús y nuestra, y no duda en aceptar su llamado de llevar adelante el amoroso plan reconciliador del Padre. Por ello es exaltada por su prima Isabel y por eso rebosa de alegría su corazón.

María es nuestra Madre en virtud de una misión divina

María es nuestra Madre en virtud de una misión divina, conferida por nuestro bien desde la Cruz. Ella está presente en el cielo, no en la tierra. La función que ella ejerce la lleva a actuar fuera de nosotros y no en nosotros. En la administración de los sacramentos, no se pronuncia su nombre. Su obra no consiste en un ministerio sacerdotal. Su poder es indirecto. Sus oraciones nos ayudan en virtud del fiat pronunciado.

Ella no necesita escucharnos en virtud de un poder que le es innato o personal; las oraciones que le dirigimos es Dios quien las pone de manifiesto. Cuando Moisés se encontraba en el Monte, el Todopoderoso le hizo ver la idolatría de los suyos allá abajo, y así pudo interceder en su favor. La Presencia divina es la potencia mediadora gracias a la cual alcanzamos a María y la misma gracias a la cual María nos alcanza a nosotros.

Cardenal J. H. Newman
Carta a un hermano separado, sobre la devoción mariana de los católicos

P.D. El 18 de agosto es mi cumpleaños…

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