miércoles, 4 de agosto de 2010

De novela...

La lluvia

La tranquila mañana daba sus primeros bostezos con un sol que teñía de naranja el cielo azulado. Del noroeste llegaba una brisa fría que arrastraba a su paso gran cantidad de cúmulos de nubes que cubrían cual cortina gris, el cielo anaranjado. El viento se paseaba libremente por todas las calles del barrio la Providencia, ya la mañana estaba instalada dejando percibir una temperatura muy agradable.

Eran las seis de la mañana y los cúmulos, como bloques grises ennegrecidos, habían tapizado por completo toda la cúpula celeste. Los relámpagos acompañados de leves truenos comenzaban a zigzaguear. La lluvia no se hizo esperar y el agua progresivamente comenzó a correr por las calles medio asfaltadas del barrio. El ruido ensordecedor de las gotas que, como camicaces se estrellaban contra los techos de zinc de las casas, se hacía cada vez más notorio.

En una de las casas del barrio, Juan Josué, aun dormía plácidamente sobre una pequeña cama cubierta arrugadamente por una azulada sabana, el ventilador giraba autistamente de un lado al otro. Afuera de la pequeña habitación el agua caía torrencialmente del cielo, el viento hacia lo suyo y poco a poco empujaba al agua a entrar por las hendiduras de la ventana que estaba a un lado de la cama. De pronto, como si un corrientaso corriera por su cuerpo, Juan Josué se levanta rápidamente susurrando:

-Dios, me he quedado dormido-

Efectivamente, el despertador no había sonado, la noche anterior se le había olvidado darle cuerda, había llegado agotado después de una extenuante jornada laboral y estudiantil. Juan Josué o Juanjo como le dicen en su trabajo, era un joven alto, de 23 años de edad pero aparentaba ser mas adulto por su contextura física y su tez morena, era de los pocos que tiene sus ojos color negro. De día trabajaba como asistente de compras en Publisis, y de noche estudiaba diseño grafico en la universidad.

Rápidamente se froto los ojos y miró el reloj.

–Ahh seis y cuarto, aun tengo tiempo, quince minutos serán suficientes-dijo.

Entro a su baño, se aseo y rápidamente comenzó a vestirse. Al salir de su habitación, observó que su mamá y papá conversaban tomando una taza de café y con vos alegre les dice:

–Hola ma, hola pa, bendición.

–Dios te bendiga JJ– respondieron ambos padres al mismo tiempo.

La mamá tomando otra taza de café se la llevo a Juan Josué y le dijo: ¡Creo que no podrás salir hoy a trabajar, llueve muy fuerte! No te preocupes mamá, ya escampo y un amigo –Reinaldo– pasara por mí, le respondió Juan Josué.

Eran las 6:35am cuando la bocina de un auto comenzó a sonar, era Reinaldo un compañero de trabajo y estudios de Juanjo. Reinaldo era un joven muy delgado, alto como una puerta, de cabello rubio y ojos azules, con muchas pecas en la cara y vos ronca, era dos años mayor que Juanjo.

El papá de Juanjo asomándose por la ventana dijo: ¡ya va! – JJ llegó tu amigo.

Juan Josué, tomó su almuerzo, unos cuadernos que estaban sobre los muebles y dejando la taza de café sobre una repisa se despidió de sus padres. Evitando la lluvia salió de su casa e inmediatamente se metió dentro del auto del amigo.

continuará...

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