jueves, 1 de julio de 2010

Silencio


¿Cómo podríamos definir el silencio? ¿Será la ausencia de sonido? O tal ves la ¿la no emisión de sonido, palabra o ruido alguno por parte de nosotros o un tercero? Por ahora me quedo con esta última opción. Silencio, no decir nada; callar y mejor pensar; pensar y por los momentos no hablar; meditar y mejorar lo que se va a hablar.

Hay varios tipos de silencio, según mi parecer. El silencio de represión, que es cuando se quiere hablar pero se le prohíbe. Silencio prudente, donde mejor no hablo para no hacer daño y espero el momento más oportuno y sanamente hablo. Silencio meditativo, produce tantos frutos como el prudente, es el que después de un acontecimiento se medita lo vivido y así poder aprender de el.

El silencio rencoroso, es el que sintiendo algo malo y diferente por otro, lo pienso, le doy vueltas y vueltas hasta deformar ese silencio en un monstruo que nos hace daño a todos y contamina nuestro proceder. El silencio doloroso, que no nos deja emitir palabra alguna por dolor, suceso o cualquier acción que nos perturbe y hiera. El silencio engañoso, aquel que calla y maquina el mal, aquel que no dice lo que es y es peor de lo que se dice de el, a estos hay que temerles.

El silencio puede producir tantos frutos, como frutos un árbol. Puede ser tan productivo como el petróleo de mi tierra venezolana. Pero puede producir tantos derrames que ahoguen nuestra vida interior y acabe por deformarla. Cuidado con nuestros silencios.

Cristo también guardo silencio, al presentarle a la mujer adultera guardo silencio y se puso a escribir en la arena, al presentarle ante Herodes, Jesús no contesto palabra alguna ante las preguntas de este. La reflexión hermanos es a meditar en como usamos nosotros nuestro silencio, en que callamos y en que verdaderamente meditamos para hablar.

El Señor nos invita a guardar silencia y a ofrecerle sacrificios a Él.

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