viernes, 25 de junio de 2010

Vocación en muletas...


Las ganas de supervivencia son innatas en toda creatura. Nadie quiere morir o dejar de existir. Desde la planta más pequeña, la bacteria más diminuta, hasta el multimillonario más poderoso, hace lo posible por prolongar su existencia. El cristiano debe prolongar su existencia terrenal con las obras buenas que puedan ayudar a sus semejantes y disfrutar de ella en la patria celestial, con Cristo nuestro salvador.

Cierto joven, estudiante de ingeniera química sintió el llamado al sacerdocio, en el último semestre de su carrera lo dejo todo y se fue al seminario. Allí luego de un discernimiento en el centro vocacional paso a propedéutico, entre altos y bajos vivió su año de enamoramiento en el Señor, -yo diría que es uno de los mas importantes y hermosos-, el joven alejado de su familia y acercado al Señor, pasó al seminario mayor.

Su familia, que al igual que muchas otras, aguardaban la esperanza de que esa idea “loca” le saliera de su cabeza. Al joven le había salido un excelente cargo en una procesadora de alimentos en el país. La familia decía que ahora si que van a estar en la buena. Pero el opto por Cristo. A mediado del mes de agosto, en plenas vacaciones, junto a su familia deciden salir de paseo; se fueron a la playa y días después, cuando regresaban tienen un aparatoso accidente. Todos salen casi ilesos, con golpes menores, excepto el joven seminarista, a el se le parte la pierna en tres partes. De emergencias se vuelven a la ciudad en la que estaban y luego de una delicada operación, la pierna del seminarista es unida con pernos y clavos. Más de un mes en cama se estuvo antes de iniciar la rehabilitación.

A todas estas, el joven no pudo entrar en la fecha estipulada al seminario. Tampoco pudo asistir al retiro espiritual de inicio de año. Su vocación aunque perturbada por tan fuerte traspiés del baile de la vida, seguía como faro que se alimenta de la llamada de Cristo a seguirle. Este joven logro entrar casi tres mese después al Seminario, se sentía desfasado, atrasado y que no iba al ritmo de la comunidad. Fue duro para el. Era lógico, pero el seguía adelante. Las escaleras estaban prohibidas para él, y el seminario es un edificio de tres plantas, el vivía en la Segunda planta. Sin embargo el se arriesgó, al bajar en la mañana, no subía mas hasta la hora de descanso, y en las tardes pedía a veces que lo subieran para el baño y luego se las ingeniaba para bajar. Nada fácil, pero el seguía en pie luchando.

Cada miércoles le tocaba ir a rehabilitación, eran unas tardes de mucho trabajo llegaba agotado y súper adolorido por la extenuante sesión. Con los estudios, a pesar de llegar tan retrasado, logró ponerse al día y nivelarse con sus compañeros. El medico le insistía en que debía abandonar el seminario y quedarse en su casa en rehabilitación, pero el insistía en quedarse en el seminario.

Luego de mas de ocho meses, este joven con sus limitaciones, logro un buen promedio en sus calificaciones de segundo semestre, pronto defenderá la tesis de su carrera de ingeniería y hace unos días se fue a su casa a rehabilitación, para que le puedan operar y sacar el tornillo que le insertaron para unir su pierna. Gracias al internet, el intensivo lo podrá hacer virtual y no lo perderá. El joven anhela que esta operación sea definitiva y así continuar con su formación en el seminario. Oremos por el.

Las conclusiones que podemos sacar de este hecho de la vida real, se las dejo a su imaginación. Lo que puedo decir es que cuando se quiere se puede, Cristo es nuestro apoyo. Saludos y una oración por nosotros los seminaristas.

Nota: Feliz Cumpleaños Alfredo Avila, que el Señor te conceda la gracia de la perseverancia y fidelidad en tu vocación.

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