lunes, 7 de junio de 2010

Sopla y obra...


El Espíritu Santo obra y sopla donde quiere y cuando quiere. El, nos alienta y estimula a seguir trabajando por el Reino de Dios. Con su soplo de vida ahuyenta la tristeza del pecado y nos envuelve en su presencia Santificadora. El Espíritu Santo purifica e ilumina nuestro peregrinar a la patria celestial.

En este peregrinar nos encontramos con otros y otras personas que también quieren hacer ese recorrido a la patria celeste. Mucho se hacen conocidos, otros se hacen amistades y otro poco se hacen amigos que al calor de la libertad y bajo el fuego del Santo Espíritu va creciendo y fortificándose.

Como ya he dicho y he repetido, somos seres contingentes, y lo que hoy nos parece mañana nos puede dejar de parecer, ¡así somos! No así Cristo el amigo fiel que nunca falla. A ejemplo de el debemos ser amigos, una amistad que este cimentada sobre el pilar de la libertad, cubierta bajo el techo de la responsabilidad y adornada con el terciopelo de la responsabilidad.

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