miércoles, 23 de junio de 2010

Briyit que brilla...

La vida del seminario, por más monótona que la imagine el común denominador de las personas, no es así del todo, acá en el seminario hay un ritmo que palpita al son de los días y de las actividades que van perfilando, como cincel al mármol, nuestro que hacer vocacional.

Una de las actividades que más llena de regocijo, experiencia y alimenta el espíritu, es el apostolado. Está desde visitar a enfermos en el hospital, visitar a privados de libertad en la cárcel, bañar abuelas o abuelitos, hasta el más antiguo y común que es salir a evangelizar de puerta en puerta las casas aledañas al seminario.

En estas enseñanzas oportunas del Señor, un sábado de los poco que participe en la evangelización, conocí a Briyit, una adolescente muy especial, que inspira calma, transparencia y confianza en Dios. Nació a los 6 meses contra todo pronostico medico desalentador y catastrófico. Su madre aferrada a la Misericordia del Señor se abandono en sus manos y confió en su palabra eterna. Hoy Briyit cuenta con 17 años y a pesar de sus limitaciones físicas, camina con una andadera, entre otros inconvenientes, consecuencia de su nacimiento prematuro, es una joven que en si, no le envidia nada a otros. Tiene una inteligencia prudente y una confianza en Dios muy catedrática.

Ante nuestra segunda visita se mostro muy alagada y contenta de poder compartir la palabra de Dios. En un momento de oración y alabanzas que tuvimos en su humilde hogar, manifestaba su amor y confianza al Señor Jesucristo, su amigo incondicional. Uno de los Seminaristas Rafael Cantillo, se lanzo y le hizo una pregunta: -Mira Briyit: en este ambiente de oración que nos regala el Señor, y en este año sacerdotal que ya esta por culminar, ¿Qué tipo de sacerdote le pedirías tú al Señor?- El hombre siempre de calculador y adelantándose a los acontecimientos (es decir yo) pensó en que la pregunta era muy profunda y difícil para esta adolescente y que la pobre diría cualquier burricada.

Resulta que nosotros los hombres nos dejamos llevar por las apariencias y el Señor sabe mirar el corazón (Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia. El Señor ve el corazón. 1Sa 16, 7) Briyit con vos muy clara respondía: -Bueno, yo pido para mi Iglesia, un sacerdote que sea valiente. Que sea capaz de decirle la verdad a la sociedad (mundo) tan corrompida. Que no tenga miedo de llevar la verdad a todos, porque hoy en día es muy difícil y ellos necesitan de la fuerza de Dios para poder cumplir la misión de llevarnos hasta Él-

El Señor ese día me dio una lección y espero no olvidarla jamás. Que esto nos sirva de ejemplo y testimonio. El Señor hace lo que quiere y con quien Él quiera. No juzguemos antes de escuchar y tampoco después. Un saludo fraterno y por favor una oración por mi perseverancia.

Nota: en la fotografía, el diacono Isaac dándole la comunión a Briyit.

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