lunes, 12 de abril de 2010

Vasos limpios, vasos sucios, almas necesitadas...


“En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”

Que exigencia tan apremiante de nuestro Señor. Que invitación tan necesaria nos debemos hacer a nosotros mismos. Ser hombre y mujeres crédulos en el Señor.

Y es que se nos han dado tantas muestras de creer en El, que aun seguimos dudando. Aun seguimos exigiendo meter los dedos y la mano en las gloriosas heridas de Jesucristo, el cordero de Dios inmolado para nuestra redención.

Son pocas las veces que nos alegramos al verlo resucitado, y no es que no nos queramos alegrar, porque ¿quien no se alegraría de encontrarse con el Señor Jesucristo? Lo que nos sucede es que el temor nos tiene aletargados, nos hemos convertido en hombres y mujeres insensibles, incólumes, de pedernal. Tememos que el Señor irrumpa las puertas cerradas de nuestro corazón a causa de la soberbia que agazapada en los rincones oscuros de nuestra existencia manipula la mayoría de nuestras acciones.

Y es por ello que no nos alegramos de ver al Señor en el hermano, el prójimo, el necesitado, el vecino. Hermano, hermana Cristo nos ama y anhela llenarnos de su misericordia que es infinita, pero… si no buscamos limpiar nuestro corazón, esa misericordia no podrá invadirnos.

No se si esto será una exigencia o lo tomemos como una necesidad, pero de algo estoy seguro; y es que sin la presencia de Cristo en nuestras vidas no llegaremos muy lejos. Es como andar en el bosque (aunque no conozca ninguno) a oscuras y con una lámpara dañada, mejor dicho sin baterías. Y con muchas baterías en el morral, pero este lo tenemos guardado en la casa.

Saludos Dios los cuide y oren por mí. Ya sabes “Tienes potencial”.

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