lunes, 19 de abril de 2010

Reflexión a la luz de la vela...

Quien ha encontrado a un amigo, ha encontrado un tesoro. Yo he encontrado un tesoro en mis amigos. De eso no me cave la menor duda, algunos son joyas enormes, otros pequeñas, medianas, otros simples diamantes diminutos que solo se perciben con el aumento del lente del amor, otros tantos son trozos de carbones con mucho potencial de transformarse en joyas valiosas.

Hace ya casi o mas de un año hable de un Amicus que era (o es) medicina de Dios, de una Alegría sin limites en mi China Amada, de un Ángel que nos lleva a Jesús y de un José que nos alentaba a servir a Dios con alegría. Estas, eran personas que en el corto año de mi formación en el seminario conocí y que consideraba mis amigos, no quiero decir que ya no lo sean, solo que sus perspectivas han cambiado y las mías un tanto. Las distancias de pensamiento y formas de ser se han hecho cada vez mas anchas y el pedernal de la confianza se vio fracturada por la duda hasta el punto que el martillo de la ignorancia a cada rato hace lo suyo.

Esta especulación no escapa de los tentáculos de la paranoia y tampoco de lo contingente que pueda ser nuestro (mi) pensamiento. No quiero sonar a juez de corte suprema ni a delator de inquisición. Tampoco quiero ser el mártir de una causa que subsiste en la esperanza y que como fénix pueda resurgir de los recuerdos hechos cenizas. Hoy la Medicina se convirtió en droga, la Alegría se oculto en un disfraz, el Ángel se hizo humano y José se fue a servir con su alegría a otro lugar.

Aun no entiendo actitudes. Aun no comprendo silencios vacios. Lo que si se siente es lo feo que deja el vacio. A la Medicina no le gustaban actitudes que supuestamente le delataban, prefirió ser un genérico, no lo culpo. A la Alegría se le enmudeció la voz y su risa solo se escucha en el silencio del frio. El Ángel agarro alas y se ocultó entre las nubes, ya no habla como antes. A José se lo llevó el mundo y su alegría servicial se quedó en el recuerdo.

Hoy NO los llamo mis AMIGOS, seguramente lo son, pero algo se rompió, se fracturo y nada es igual a antes. Son mis hermanos en Cristo Jesús, con ellos se compartieron cosas muy bonitas, pero al presente una nube de silencio divide y rodea. Creo en la amistad, apuesto por ella.


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