miércoles, 24 de marzo de 2010

¡Regocíjate Adán!


Regocíjate Adán, nuestro padre,
Y tú Eva, nuestra madre, aún más;
Que una de tus hijas va a ser tu consuelo.
Para ti ante todo, causa de la desgracia,
Cuya vergüenza ha recaído sobre todas las mujeres,
Ha llegado la hora de borrar tal oprobio.
El hombre no volverá a disculparse
con torpeza ni la acusará cruelmente:
«La mujer que me diste me dio a comer del fruto prohibido ».

Vamos, Eva, corre hacia María,
Madre, corre hacia tu hija.
La hija tomará la defensa de su madre,
Hará desaparecer la ignominia,
Y calmará a su padre:
Pues si el hombre cayó por la mujer,
Sólo gracias a ella podrá levantarse.

Adán nunca más dirá:
«La mujer que me diste me dio a comer el fruto prohibido ».
Sino más bien:
« La mujer, que me diste, me alimentó del fruto bendito. »

San Bernaldo Claraval, Doctor de la Iglesia

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