lunes, 22 de febrero de 2010

Adoración...


Llegas tan callado y silencioso, sin un murmullo, sin mover el silencio. Llegas y te postras en tu trono de adoración. Llegas como brisa matinal que todo lo mueve en el letargo de la madrugada y aun sin embargo no lo notamos. Llegas como ladrón silencioso, que en la madrugada irrumpe la tranquilidad de la vida.

Llegas amado Señor, te instalas en tu custodia de adoración, aun no lo notamos, aun no escuchamos tu presencia, llegas amado Señor y es el incienso de tu presencia que alerta nuestros sentidos y nuestros ojos se llenan de la presencia de tu santidad. Dulce incienso, aroma de Dios quede impregnado yo de vos.

Tu candor nos hace descubrir que estas aquí, que has llegado a restaurar nuestras vidas, ¡Oh Sol de justicia que bajas de lo alto! Tu silencio se hace canto, tu canto se hace ungüento que repara mis heridas, mi alma entera te alaba, todo mi ser anhela tu presencia.

Gracias por este tiempo lleno de misericordia, gracias porque en ella derramas tu amor a nosotros.

Bendito, adorad o y alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

P.D. En la foto, Minerva enero 2010 en el Seminario Mayor Santo Tomas de Aquino.

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