jueves, 17 de septiembre de 2009

De la cima al cisma...


Saludos a todos, Dios los cuide.

Ayer recordábamos a dos santos que se oponían al cisma de los novacianos.

Un Cisma en simples términos es la ruptura de la unidad y unión eclesiásticas. La palabra en si significa división o separación. Es necesario diferencial al cismático del hereje, ya que este último es quien ha negado una parte del dogma a diferencia del cismático que rompe la unidad de la Iglesia en su organización, pero no en la unidad de la fe.

En la historia de la Santa Iglesia son muchos los cismas que han sucedido, en la Iglesia naciente de Corinto, cuando se dijo entre sus miembros: «Yo, en realidad, soy de Pablo; y yo de Apolo; y yo de Cefas; y yo de Cristo» (1Cor. 1,12). San Pablo, respondiendo enérgicamente les puso fin.

En el caso concreto de los Novacianos, "en el 251 cuando San Cornelio fue electo a la Sede de Roma una minoría estableció a Novaciano como antipapa, siendo de nuevo el pretexto el perdón que San Cornelio prometió a aquellos que después de haber apostatado se arrepintieran. A través de un espíritu de contradicción Novaciano fue tan lejos como para negar el perdón aun a los agonizantes y la severidad fue extendida a otras categorías de pecados graves. Los novacianos buscaban formar una Iglesia de santos. En Oriente se denominaron a sí mismos katharoi, los puros. Grandemente bajo el influjo de esta idea administraron un segundo bautismo a los que habían desertado del Catolicismo y retornado a sus filas. La secta se desarrolló grandemente en los países de Oriente, donde subsistieron hasta el siglo VII, siendo reclutados no solamente de la defección de católicos sino también del ascenso de los Montanistas". (Tomado de la Enciclopedia Católica ACIPRENSA)

Un saludo fraterno en Cristo "Nuestra unidad", ya saben oren por mi fidelidad.

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