miércoles, 12 de agosto de 2009

Ella fue transportada por la vehemencia del amor más puro.


La Virgen no murió ni de vejez, ni de enfermedad, fue transportada por la vehemencia del amor más puro y su rostro lucía tan calmo, tan radiante y feliz, que a su tránsito hacia la muerte se le da el nombre de dormición.

Joris-Karl Huysmans (Francia





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