viernes, 10 de abril de 2009

El Rey duerme la muerte de mí pecado

Mi alma se desase por la muerte de mi amado, Él ha sufrido las consecuencias de mi pecado.

Mi amado duerme la muerte de mi pecado, su sangre gloriosa es agua para la semilla de mi fe que germina en esperaza de vida en el.

Las lagrimas de mis ojos se han secado y mi pena me abruma, por la muerte de mi amado que duerme la muerte de mi pecado.

El trigo se ha sembrado, vive en mi la esperanza en que se pudra para que renazca a la gloriosa vida eterna.

Donde te has ido amado mío y me has dejado solo y con el corazón vacío. Tan solo ayer me dabas a comer de tu carne y a beber la esperanza de tu cáliz y ya hoy me encuentro solo en el vacío.

Mi Rey y Señor, despierta pronto a calmar esta angustia de estar sin ti y no saber de ti. Mi alma gime, mi corazón se conmueve, mi espíritu esta triste, pero al unísono se alimentan de la esperanza de tu regreso.

Con lámparas de esperanza aguardo tu regreso, como la luna llena que ilumina la noche serena y la pascua florida que hace florecer la piedra tu presencia vendrá a renovarlo todo.

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