domingo, 8 de febrero de 2009

José nos enseña a Servir a Dios con alegría


Aristóteles explica, que se deben dar tres condiciones básicas, para que exista una auténtica amistad.

La primera: Querer el bien del otro, apreciarle por lo que es en sí mismo y desear que sea feliz.

La segunda: que el otro quiera mi bien, me ame a mí como yo le amo.

Y la tercera: que haya conocimiento del mutuo afecto.

Para Aristóteles, la verdadera la amistad no se basa en el placer, ni tampoco se edifica sobre la utilidad. Una verdadera amistad consiste, en ir a fondo, al centro del otro, olvidando el ombligo propio. El otro, tiene que saberse respetado con sus defectos y sus cualidades, tiene que sentirse querido tal y como es.

Tengo un buen amigo que le llaman burro y aunque suene feo, el, mi amigo, refleja la mansedumbre y humildad de este noble animal. Sabemos que este ejemplar animal tuvo la dicha de estar en el nacimiento de Jesucristo y de cargarlo luego en sus hombros en la entrada triunfal a Jerusalén.

Mi amigo tiene la capacidad de servir a tiempo y destiempo sin importar a quien sea, solo por servir al prójimo. En ocasiones se exceden en abusar del servicio que presta este hermano, pero el lo hace siempre con alegría, me hace recordar ese salmo que dice Servid al Señor con alegría.

A este amigo lo podría comparar con una sala de emergencias de un hospital, que llegas mal herido y el con todo el amor del mundo es capaz de dar su vida por hacerte sentir bien a cualquier hora del día. Amigo José Daniel que Dios ilumine nuestra amistad.


Sigue considerando las cualidades del borrico, y fíjate en que el burro, para hacer algo de provecho, ha de dejarse dominar por la voluntad de quien le lleva...: solo, no haría más que... burradas. De seguro que no se le ocurre otra cosa mejor que revolcarse en el suelo, correr al pesebre... y rebuznar.
¡Ah Jesús! —díselo tú también—: ut iumentum factus sum apud te! —me has hecho tu borriquillo; no me dejes, et ego semper tecum! —y estaré siempre Contigo. Llévame fuertemente atado con tu gracia: tenuisti manum dexteram meam... —me has cogido por el ronzal; et in voluntate tua deduxisti me... —y hazme cumplir tu Voluntad. ¡Y así te amaré por los siglos sin fin! —et cum gloria suscepisti me!

Forja 381de San Josemaría Escrivá de Balaguer.


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