jueves, 5 de febrero de 2009

Amicus – Amore, Medicina de Dios...


La amistad es una de las relaciones más comunes e interpersonales que se puede establecer entre la mayoría de los seres humanos. Este articulo se lo dedico a mis amigos, iré uno por uno poco a poco, en esta oportunidad hablare de uno muy especial.

Sabemos que el mismo Jesucristo tubo amigos, se le conocen a 12 como sus mejores amigos y a lo largo de la historia hombres y mujeres también se han ganado ese hermoso titulo de ser amigo de Jesucristo. En una parte de la Biblia nos dice: Quien ha encontrado a un amigo, ha encontrado un tesoro. Yo he encontrado un tesoro en mis amigos.

Es común que mentes sucias vean en una limpia y sana amistad lo vulgar que se oculta en su corazón.

Para mi la palabra amistad es de suma importancia, son muchos los conocidos, bastante las amistades, pero pocos muy pocos los amigos que hacen de tu vida una alegría eterna. Jesucristo es mi amigo número uno, es el mejor de todos, de allí, de Él se desprenden unas cuantas personas a las que sin duda alguna amo y estimo.

Entre ellos se encuentra uno que he conocido en el seminario. Esto de estar en el seminario es totalmente nuevo para mí, entre hace dos años, con un grupo que ya tenia tiempo en el centro vocacional, yo llegue de paracaidista. A todos los conocí en una convivencia de selección, de hecho me confundían con el señor que limpia, es lógico, mi edad casi les doblaba y los años no pasan en vano. En una oportunidad mi amigo me dijo, “pana en la convivencia yo creía que eras el que cuidaba la casa de cursillos”.

Bueno allí conocí al que ahora llamo uno de mis mejores amigos, y es que existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino, por hablar con ellos, por verlos o por el simple hecho de que te tomen en cuenta, que te hablen.

De mi amigo admiro muchas cualidades, su alegría, su jovialidad, su sentido de humor, que cambia como las olas del mar. No es fácil muchas veces tratar con su temperamento, algunas veces me decepciono de sus actitudes que son como espada de dos filos que atraviesan el corazón, pero reflexiono y entiendo que no somos perfectos, que existe la tolerancia y junto a la sinceridad se logra superar cualquier barrera.

A este amigo lo denomino amigo del alma, de corazón, es sincero, es verdadero, sabe cuando no estoy bien, sabe lo que me hace feliz; así lo creo yo. Y aunque casi le doble en edad a mi amigo, le tengo en gran estima, sin duda alguna he encontrado un tesoro y espero que Dios bendiga nuestra amistad Amigo Rafael.

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