domingo, 30 de noviembre de 2008

Adviento soplando fuerte, a ver que se mueve.

Saludos amigos de este extraordinario mundo, Dios les colme de su amor.

Las lecturas de hoy en la misa han sido espectacularmente fascinantes, están cargadas de un anhelo de Dios, de una necesidad constante de la presencia de nuestro Salvador. Este adviento nos debe hacer gritar como Isaías: ¡Ah si rompieses los cielos y descendieses - ante tu faz los montes se derretirían!

Y esta expresión nos hace esperar a que el señor descienda a que nazca en cada uno de nuestros corazones. Pero esta espera tiene dos tendencias, una activa y una pasiva.

La pasiva es la de dejarnos envolver por las hermosas luces de colores que nos ofrece esta navidad – cuidado no digo que eso sea malo – y así alejarnos de la realidad que nos rodea construyendo una cuna artificial al niño, dejando todo en lo superfluo.

La activa es vivir anhelantemente cada día de adviento esperando gozosamente la llegada del señor, construyendo la cuna con buenas acciones, hoy nos lo decía la oración colecta de la misa: Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañado por las buenas obras, para que colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Pues si hermano adviento es un tiempo de espera, pero no de brazos cruzados, es necesario que trabajemos en pro de los más necesitados para que el Señor que viene a nuestro encuentro, nos halle con las manos llenas de buenas acciones.

Dios te cuide y te bendiga. Una oración por mí...

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