jueves, 16 de octubre de 2008

Estar presentables


Nuestra vida es como un traje de lino blanco y puro que con el tiempo se puede llegar a ensuciar y deteriorar. Son incontables las razones que hacen que esto suceda, el trajín del día a día, el dormir, estudiar, en fin las cosas que podemos hacer.
Pero hay algo que nos lo mancha y rompe para siempre, es el pecado, la desobediencia a Dios.
El pecado nos arrastra hasta lo mas profundo de la podredumbre y hace que nuestro hermoso traje de lino puro de pudra y lo que antes era blanco viene a ser oscuro y lleno de suciedad. Con esto el traje se vuelve pesado y nuestro andar apesadumbrado.
¡Hermanos no dejemos que eso suceda! no esperemos a que se pudra nuestra alma por razón del pecado. Actuemos pronto y acudamos a Cristo refugio seguro para nuestras almas; anhelo divino, palabra eterna del Padre. Él nos espera en el sacramento de la Confesión, allí lavamos nuestro traje en la sangre del cordero victorioso y redentor. No temas hablarle al sacerdote en confesión, el es solo un instrumento de Dios para manifestar la gloria y el poderío de su hijo amado Jesucristo.
El no dice Jesucristo te absuelve de tus pecados. El sacerdote está actuando en la persona de Cristo, 'In Persona Christi'. ...
En el confesionario, al dar el sacerdote la absolución,
dice, 'Yo te absuelvo de tus pecados'.
El no dice Jesucristo te absuelve de tus pecados.
El sacerdote está actuando en la persona de Cristo,
'In Persona Christi'. Piensa en esto por un minuto, es una verdad maravillosa.
Hermano recobremos la hermosura de nuestro vestido de lino puro y blanco, que es nuestra alma. No dejemos que el instigador nos haga perder la pureza de alma y cuerpo; estemos siempre presentables, puros y limpios ante la majestad de nuestro Señor Jesucristo. DTB.



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