viernes, 12 de octubre de 2007

Santo, santo, santo, Yahvé Sebaot...

"Bendito el que viene en nombre del Señor”…
Hola queridos amigos de este desiertito blog. Hoy he aprendido algo muy interesante referente a los Santos y quiero compartirlo con ustedes. Saben no es cosa del otro mundo serlo dice el papa Benedicto XVI: “Para ser santos no es necesario realizar acciones y obras extraordinarias, ni poseer carismas excepcionales, es necesario, sobre todo, escuchar a Jesús y después seguirle sin desalentarse ante las dificultades.”
Dios es la Santidad tota (Os 11 9), de El emana como rayos de sol su santidad divina que se manifiesta por la misericordia que perdona.
En la tradición cristiana ser santo se trata de personas destacadas por sus virtudes y son veneradas como modelos capaces de mostrar a los demás un camino ejemplar de perfección.
Todos estamos llamados a ser santo, puros e irreprochables, el mismo Jesús que es reflejo de la santidad del Padre nos dice: “Vosotros, pues, sed Perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt. 5 48), “El que me sigue no anda en tinieblas” (Jn 8 12); Son palabras de Cristo que nos exhortan a imitar su vida y costumbres, si queremos ser de veras iluminados y vernos libres de toda ceguedad del corazón y alcanzar la santidad ala cual todos estamos llamados.
La santidad lleva consigo una especial referencia a la Divinidad y una consiguiente separación de las realidadades que se consideran profanas o al menos impuras.
Se puede entender la denominación de "santo" en tres sentidos:
1. Todo aquel que está en el Cielo, ya que participa de la visión beatífica del Señor y está confirmado en la gracia.
2. Todos los cristianos que están en gracia de Dios participan de la Su santidad, y por eso San Pablo usa la Palabra "santos" para referirse a los fieles ya que por el bautismo somos liberados del pecado e injertados en Cristo, que es Dios, el Santo de los Santos (2 Cor. 13,12; Ef. 1,1).
3. Aquellos que son reconocidos por la Iglesia y se presentan como modelos de conducta e intercesores ante Dios.
Ser santo es guardar la palabra de Dios, seguirle, hacer su santa voluntad es estar llenos del Espíritu Santo, (Hch 2 4) como lo estaba la Bienaventurada Virgen Maria.
Que Dios los Santifique con su gracia.
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