lunes, 8 de septiembre de 2014

Un Dios que sigue despierto...



Siempre me ha llamado poderosamente la atención parte de un Himno de la Liturgia de las Horas que rezamos en el oficio de sexta: Quien diga que Dios ha muerto, que salga a la luz y vea, si el mundo es o no tarea, de un Dios que sigue despierto…
El mundo no tan contaminado como lo tenemos hoy en día, es producto del amor de Dios para con los hombres. La naturaleza maltratada pero con ansias de seguir dándonos lo que en si contiene, aún conserva el rastro de Su mano creadora. Hagamos un esfuerzo por mantener y preservar este hermoso regalo del Creador.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Responsabilidades, esperanzas y oportunidades...



Casi cinco meses han pasado y es mucho lo que ha sucedido, gran cantidad de vueltas ha dado nuestro planeta sobre su propio eje y definitivamente el amor de Dios se sigue derramando sobre todos nosotros. Quizá unos sentiremos más ese amor, de pronto otros lo sienten menos y es muy posible que algunos cuantos nada experimenten en sus vidas que pueda llevarlos a reconocer las bondades del Señor. De igual manera el Amor de Dios se derrama abundantemente sobre nosotros, pero es muy necesario que nos dispongamos a recibir ese amor como tierra en sequía que absorbe y aprovecha cualquier rocío mañanero o como planta en floración, que se prepara para almacenar fuerzas para el verano.

Hoy les escribo como Diacono de la Santa Madre Iglesia Católica. Muy feliz y dispuesto a seguir trabajando por la porción del pueblo de Dios que peregrina en mi Arquidiócesis. Por lo pronto me abandono a sus necesarias y provechosas oraciones. Desde hace tres semanas he recibido de mi arzobispo mis responsabilidades pastorales, un conglomerado de responsabilidades, esperanzas y oportunidades que desde ahora recaen sobre este servidor de la Iglesia.
Responsabilidades con la Cancillería, Esperanzas de aprender de un gran maestro parroquial, de hermosear y avivar la grey de la Sede episcopal y Oportunidades de hacer vida comunitaria.
 


                                                          Unidos en la Oración.

domingo, 30 de marzo de 2014

Profesión de Fe, camino al Diaconado...

Hoy en la misa matutina del IV Domingo del tiempo de Cuaresma, junto a mis compañeros Alberto y David, hice la Profesión de Fe ante nuestro Obispo Auxiliar Mond. Ángel Francisco Caraballo Fermín.

Profesar la fe es la declaración “pública” o “delante de alguien” de los misterios cristianos a los cuales se adhiere la inteligencia y la persona entera. Tal se hace en el Bautismo de forma solemne (C.I.C. 189), en la Eucaristía cuando se recita el credo, en ocasiones solemnes como en la Liturgia Pascual o vivencia de algún Sacramento de iniciación cristiana y en las descritas en el Código de Derecho Canónico.

El Código de Derecho Canónico en el N° 833, dice: 

Tienen obligación de emitir personalmente la profesión de fe, según la fórmula aprobada por la Sede Apostólica:

1º. Ante el presidente o su delegado todos los que toman parte, con voto deliberativo o consultivo, en un Concilio Ecuménico o particular, sínodo de Obispos y sínodo diocesano; y el presidente ante el Concilio o sínodo;

2º. los que han sido promovidos a la dignidad cardenalicia, según los estatutos del sacro Colegio;

3º. ante el delegado por la Sede Apostólica, todos los que han sido promovidos al episcopado, y asimismo los que se equiparan al Obispo diocesano;

4º. el Administrador diocesano, ante el colegio de consultores;

5º. los Vicarios generales, Vicarios episcopales y Vicarios judiciales, ante el Obispo diocesano o un delegado suyo;

6º. los párrocos, el rector y los profesores de teología y filosofía en los seminarios, cuando comienzan a ejercer su cargo, ante el Ordinario del lugar o un delegado suyo; también los que van a recibir el orden del diaconado;

7º. el rector de una universidad eclesiástica o católica, cuando comienza a ejercer su cargo, ante el Gran Canciller o, en su defecto, ante el Ordinario del lugar o ante los delegados de los mismos; los profesores que dan clases sobre materias relacionadas con la fe o las costumbres en cualesquiera universidades, cuando comienzan a ejercer el cargo, ante el rector, si es sacerdote, o ante el Ordinario del lugar o ante sus delegados;

8º. los Superiores en los institutos religiosos y sociedades de vida apostólica clericales, según la norma de las constituciones.

Refiriéndose a la Profesión de Fe, R. Ficichela en el diccionario de Teología Cristiana, afirma que esta es “la fórmula que adopta una comunidad religiosa para que sea normativa de los contenidos de lo que cree. Se dan diferentes terminologías para expresar la misma realidad: en Oriente se utilizaron primero las palabras símbolo y homologia; en Occidente se habló de credo, símbolo y profesión”.

Una larga historia acompaña a la Profesión de Fe Cristiana; hunde sus raíces en el Nuevo Testamento, en el que se reconocen tres diversas estructuras de profesión de fe que se clasifican como: simples, estereotipadas y complejas. “Tú eres el Cristo” (MC 8,29), “Jesús es el Señor” (1 Cor 12,3) son las fórmulas primitivas simples, que se van ampliando sucesivamente y se hacen cada vez más complejas: “Confesarás con tu boca que Jesús es el Señor y creerás con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos” (Rom 10,9). Lo que es importante advertir para las profesiones de fe es que ponen siempre en el centro el acontecimiento de la muerte y resurrección del Señor (cf. Hch 2,23); a partir de aquí, se elaboraron las fórmulas trinitarias, como demuestra la conclusión del evangelio de Mateo: “bautizen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19).

A partir del siglo IV, y después de un largo camino histórico, la Iglesia conoce al menos dos símbolos oficiales: el romano y el niceno-constantinopolitano; (los que en algunos lugares llaman Credo corto y Credo largo), A lo largo de los siglos se multiplicaron las profesiones de fe; se encargaron de escribirlas las Iglesias particulares, algunos sínodos (Orange y Toledo), el concilio IV de Letrán y varios papas, a medida que lo exigían las circunstancias: Pío IV al concluir el concilio de Trento, Pío X contra el modernismo, Pablo VI al concluir el Año de la fe.

Como se ha dicho al inicio, en la actualidad, la profesión de fe se utiliza para expresar diversas funciones de la vida eclesial: la liturgia, la ortodoxia y la fidelidad de algunas personas llamadas a desempeñar un ministerio particular en la comunidad; sin embargo, no hemos de olvidar que manifiesta sobre todo la fe personal y eclesial en el Señor muerto y resucitado, centro de la fe y sentido de la existencia.

 

Cuento con tus oraciones…

sábado, 29 de marzo de 2014

Otra Humanidad... en Venezuela...



Para nadie es un secreto lo que está aconteciendo en mi país Venezuela. Ya casi para dos meses de protestas, muchísimos heridos, lamentables muertes y horrorosas violaciones a los derechos humanos.
En una semana con la Gracia de Dios, seré Ordenado Diácono, entre mis deberes como futuro  ministro ordenado, será el de representar a Cristo en la Caridad, arduo trabajo por hacer en mi país por estos días.  

Una canción de Gen Rosso, “Otra humanidad” me hace pensar mucho en mi querido país y en la misión que próximamente me encomendara la Iglesia. 

Que con la fuerza del espíritu Santo no solo vea y diga:
A dónde iremos a parar si seguimos así.
No existe ya vergüenza, ni siquiera pudor,
continua violencia, escándalos por doquier.
¿Dónde se ha ido todo el gran ideal?


Que también vea y haga notar la humanidad que:
Vive en el silencio, que sabe perdonar,
que sufre, que sonríe y se conmueve y que quiere construir la nueva humanidad.
Conozco otra humanidad, la que avanza contra la corriente,
la que está dispuesta a dar toda su vida y morir por la propia gente.
Conozco otra humanidad, la que no piensa solo en sí misma
pues es muy consciente, que hay mucha gente que de hambre muere.

Confiado y abandonado en Aquel que nos hace Justicia, en Cristo.  

P.D. Les dejo el video…


viernes, 28 de marzo de 2014

Diácono Transitorio...



Cristo es el servidor por antonomasia; Él es Profeta, sumo y eterno Sacerdote, y Rey, por esto su ministerio es prototipo o protoministerio en la Iglesia[1]. De Él se desprende que en la Iglesia, todo es “diaconal o ministerial”, a su ejemplo que "vino para servir" (Mc. 10, 45; Flp. 2,7). De esta unión de Cristo con su Iglesia, surgen dos formas principales de ministerio eclesial: Un ministerio ordenado o jerárquico y otro ministerio no ordenado y común a todos los fieles; ambas formas son una participación en el protoministerio de Cristo[2].

En cuanto a los ministerios no ordenados o también conocidos como laicales, se ha hablado ya en otra oportunidad. (Seguir leyendo)

El que atañe en este momento, son los ministerios ordenados que son aquellos que enraízan en el sacramento del Orden, mediante la imposición de manos, los cuales están en el 3er grado los obispo, en el 2do grado los presbítero y en el 1er grado los diácono. Los tres son una diaconía o servicio, comunitario y permanente, para presidir, enseñar y santificar[3].Atañe en este caso el 1er grado, los Diáconos. 
La palabra diácono proviene del griego διακονος (diakonos) que significa servidor al igual que la palabra ministro. Según datos bíblicos, en un origen se encargaban del cuidado de los pobres, como ministros de las iglesias fundadas en los comienzos. (cfr. Hch 6,1-6; cfr. Flp 1,1; 1Ti 3,8-13).
El Diácono, indica uno de los tres ministerios en que se articula el sacramento del orden. En el motu proprio Ad pascendum se da una definición autorizada y rica en implicaciones, tanto teológicas como pastorales y espirituales, del ministerio del diácono: "Animador del servicio, o sea, de la diaconía de la Iglesia, en las comunidades cristianas locales, signo o sacramento del mismo Cristo Señor, el cual no vino para ser servido, sino para servir".
Ya desde los tiempos apostólicos, fueron instituidos los diáconos ("servidores") para ayudar a los Apóstoles especialmente en el campo de la caridad y de la organización de la comunidad, a fin de que los Apóstoles pudieran dedicarse plenamente a la evangelización más directa 




En la Constitución Dogmática Lumen Gentiumen del Concilio Ecuménico Vaticano II, en su numeral 29, se lee que los Diáconos,
“confortados con la gracia sacramental en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del diácono, según la autoridad competente se lo indicare, la administración solemne del bautismo, el conservar y distribuir la Eucaristía, el asistir en nombre de la Iglesia y bendecir los matrimonios, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir los ritos de funerales y sepelios. Dedicados a los oficios de caridad y administración, recuerden los diáconos el aviso de San Policarpo: "Misericordiosos, diligentes, procedan en su conducta conforme a la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos”.
En el rito de la ordenación, se recuerda al diácono que debe resplandecer en "todas las virtudes", especialmente en "el amor sincero, la solicitud por los enfermos y los pobres, la autoridad humilde, una pureza inocente y un cumplimiento espiritual de las normas". Esta espiritualidad está en relación con su ministerio, siempre en vistas a la evangelización.
 

En los siguientes enlaces podrás encontrar más información:




[1]Lumen Gentium 10; 18; 28.
[2]Manual de Preparación al Rito de Admisión, Ministerios y Órdenes Sagradas. Jacques D´Arcy S., pss.  Consejo episcopal latinoamericano. En adelante Manual del CELAM. P.227.
[3]Lumen Gentium 21; 28; 29.