sábado, 5 de septiembre de 2015

La Homilía del Domingo: Y se maravillaban sobremanera y decían "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos".

La Homilía
Pbro. Silverio Osorio
Is 35, 4-7. Sal 145. St 2, 1-5. Mc 7, 31-37
Y se maravillaban sobremanera y decían "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos".
 
El Señor no se cansa de demostrarnos su amor y misericordia para con nosotros, los redimidos por su pasión gloriosa y salvadora. En este Domingo, Día del Señor, donde nos gloriamos de su resurrección para y por nosotros, la alabamos y damos gracias. La liturgia de la Palabra que nos presenta la Iglesia en este día nos permite unirnos al comentario “maravillado sobremanera” del pueblo que le rodea y que hemos escuchado en el evangelio diciendo “Todo lo ha hecho bien”, veamos por qué.
Hemos leído un fragmento del capítulo 35 del libro del profeta Isaías, y si hacemos una lectura previa capítulos 33 y 34, entenderemos que al pueblo sufrido que vuelve a Sión después de la esclavitud en Babilonia. Muchos se encuentran física y espiritualmente disminuidos. Hay ciegos, sordos y cojos. Algunos tal vez sean soldados heridos a causa de las continuas guerras. El mensaje de esperanza les viene directamente de Dios que se dirige al corazón de cada uno de ellos: Ánimo, no tengas miedo, yo estoy contigo, yo te protejo y te sano.
Hoy en día muchos estamos enfermos, necesitados y urgidos de sanidad y bienestar. Santiago nos invita a no hacer “Acepción de personas”. Que ante tanta necesidad y enfermedad no hagamos distinciones, no señalemos o separemos. No las releguemos o echemos a un lado. Ni los pobres ni ninguna persona debe de ser discriminada, separada ya que sería colocarnos en el lugar del Buen Juez que nos dice “En verdad les digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. El mismo no hizo distinción de personas, el apóstol nos llama la atención recordándonos que los pobres son los predilectos de Dios. Acción que vemos en el evangelio.
Jesucristo, es la Buena Noticia, que nos trae la Salvación y la Redención, pues él es la personificación de éstas.  Ésta novedad es presentada en tierra extrajera, esta vez en la Decápolis. La Decápolis es una región que se extiende al oriente del mar de Galilea y del río Jordán; se llama así porque abraza diez ciudades griegas que el emperador romano Pompeyo organizó en una especie de confederación cuando conquistó ese territorio. El Evangelio nos presenta una de las curaciones que realizó en su propia tierra: Galilea.
Como en la mayoría de los relatos de milagros, se comienza con la presentación del enfermo y la descripción de su mal: un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan que imponga la mano sobre él. El sordomudo simboliza la actitud cerrada del mundo pagano frente al proyecto de Dios: sordo para escucharlo y tartamudo para proclamarlo. Este hombre o mejor dicho este mundo no está bien y necesita de Jesús, y le piden que le impongan las manos sobre él. Este gesto es propio de Jesús, no lo encontramos en el Antiguo Testamento, pero si es muy común en las curaciones del Señor Jesús y luego de las primeras comunidades cristianas los discípulos y apóstoles del Señor.
La sanación del sordomudo ratifica la actitud de los paganos que poco a poco abren sus oídos a la Palabra de Dios. Nosotros debemos dejarnos sanar por el Señor, que el abra nuestros oídos, para escucharle con claridad y así obedecer lo que nos manda, que el Señor Jesús destrabe nuestra lengua para que podamos proclamarlo con sencillez y entusiasmo.

Que a ejemplo de María Santísima, escuchemos atentamente el mensaje del Señor y lo comuniquemos a los más necesitados. Que a Jesucristo sea la Gloria por los siglos de los siglos. Amén. 

jueves, 28 de mayo de 2015

Jesucristo Sumo Sacerdote

Feliz jueves de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.
Comparto ésta instantánea del día de mi ordenación Sacerdotal y que refleja el momento en el que mi Obispo venera y besa mis manos recien ungidas,  consagradas para Cristo.
No es a mi al que venera es a Jesucristo, pues he sido consagrado para el.
Hoy celebro éste Sacerdocio Único de Cristo y del cual simplemente soy "Colaborador".
Me confío a tus oraciones para ser fiel dispensador del Señor y Colaborador de su Verdad.
¿Y tu ya diste gracias a Dios por el sacerdote que te ha ayudado a acercarte a el?

martes, 26 de mayo de 2015

Éxtasis de San Felipe Neri...

En las vísperas de Pentecostés del año 1544 se encontraba el santo pidiendo los dones del Espíritu Santo en las Catacumbas de San Sebastián. Fue el momento en que San Felipe recibe los dones: cuando vio venir del cielo un globo de fuego que penetró en su boca y se dilató en su pecho. El santo se sintió poseído por un amor de Dios tan enorme, que parecía ahogarle. Cayó al suelo y exclamó con acento de dolor: "¡Basta, Señor, basta! ¡No puedo soportarlo más!" Cuando recuperó plenamente la consciencia, descubrió que su pecho estaba hinchado, teniendo desde entonces un bulto del tamaño de un puño que jamás le causó dolor alguno. Experimentaba, por tanto, un constante Pentecostés.