sábado, 11 de abril de 2015

Felices Fiestas de Resurrección...



Son muchas las Pascuas que he vivido, muchas veces he cantado ¡Resucito! He llorado de la emoción y brincado de la alegría. He diseñado tarjetas muy elegantes con frases contundentes y colores atrayentes. Me he sentido transformado por la luz Gloriosa del Resucitado. Pero en está pascua 2015, algo sucedió, algo trascendental me pasó, que lleva por nombre “Mi Señor Jesús Resucitado”
Hablar de la Resurrección de Mi Señor Jesús, es hablar de la transformación ontológica que gesta en nosotros la alegría de esta realidad. Su luz hermosa disipa todo error y duda, restituye la esperanza y nos devuelve la alegría de vivir en la libertad de los hijos de Dios.
Hablar de resurrección, es hablar de Cristianos que se aman, que se ayudan mutuamente, que se respetan, que hacen bien su trabajo. Es decidir por la luz gozosa de la Verdad, es decidir por el Bien Mayor, es decidir amar a todos en Cristo.
Debemos mostrar las heridas gloriosas de mi Señor Jesús Resucitado que son muestras de caridad al prójimo. Sirviendo y amando. Perdonando y amando.
No dudes en entrar en la luz gozosa de la Resurrección, no es un cuento, no es una utopia, mucho menos una fábula, es la realidad que transforma y renueva nuestro mundo, nuestro corazón.
Felices Fiestas de Resurrección.

viernes, 10 de abril de 2015

Es la Pascua, el paso del Señor por nuestras vidas...


Indudablemente Cristo ha Resucitado para nuestra redención, para mi redención!!!


A veces en las planicies de las montañas abajadas, se construyen torres y almenas para atrincherarse, ya no en las alturas desafiantes y acantiladas, sino en murallas de soberbias y muros de egoísmos. Paredes tapizadas con almohadones de acomodamiento y luces de indiferencia. Esto sucedió, aconteció, fue real en el caso particular.
Pero alguien llegó, con montadura de humildad y mansedumbre, ofreciendo de comer y beber, mas nadie abrió, la puerta adornada de “no pase” siguió cerrada. Sus heridas que eran mis heridas, ensangrentaron los jardines de opulencias (mi opulencia) y levantando el polvo de la maledicencia (mi maledicencia) con el madero a cuestas. Se quedó en pie, tambaleándose, el manto purpura se hacía húmedo de la sangre, llevaba una espinada corona trenzada y adherida a sus cienes, la espalda surcada de golpes y adornada de moretones y llagas sangrantes.
Allí estuvo no se movía, y las puertas no se abrían. Siete días se mantuvo en pie, aguardando, más nadie le abrió. Ese día antes de caer, con su mano derecha tocó la puerta de mi corazón, un escalofrío hiso rechinar las paredes de la torre y las almenas se encendieron, se escuchó en los pasillos de la trinchera una voz suave y queda, que como brisa tranquila acarició los muros de egoísmos, un temblor agrieto las paredes, y un fuerte viento azotó el lugar. Mientras que afuera de la muralla, en la puerta, el hombre maltrecho y ensangrentado cayó rostro en tierra, todo quedó en calma, un charco de sangre y agua inundó la planicie de la montaña donde se había construido la trinchera.
Todo comenzó a caer, los jardines de anegaron de agua y sangre, las paredes caían como castillo de naipes, las almenas humeantes fueron apagadas por el viento recio que también hizo volar el techo de la comodidad y los almohadones de acomodamiento. Nuevamente estaba yo sólo en medio de la montaña, rodeado de sangre y agua. El hombre sangrante ya no estaba, desapareció dejando mucho silencio a su paso, solo estaba yo. La oscuridad se cernió sobre el lugar, mucho ruido había en mi mente, mi corazón latía vertiginosamente y muchos recuerdos llegaron a mis ojos.
Me había vuelto a perder. Me había dejado llevar por el egoísmo y la soberbia. Había echado a un lado lo bonito de sentirse amado y libre. Dos días meditando y reflexionando, al tercer día, muy de madrugada, cuando yo aún seguía a la intemperie de la planicie, tiritando de frio, hambriento y sediento, una luz radiante inundo el lugar, mis pupilas se contrajeron, mi palidez era notoria, mis ojeras me delataban, las lágrimas habían hecho dos líneas que surcaban mis cara llena de lodo.
Aquel que antes sangraba por sus heridas estaba de pie, hermoso y radiante, ahora de sus heridas brotaba luz, no sangre. Se acercó a mí, me tomó de la mano y me levanto, me coloco un abrigo de tranquilidad, me revistió de mansedumbre y confianza. Me abrazó fuertemente y me dijo: “Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo”
Aunque vivía, estaba muerto. Aunque lo anunciaba, me anunciaba a mí.
Gracias mi Señor Jesús, por salvarme, redimirme y luchar por mí a precio de Sangre. Es la Pascua, el paso del Señor. Él ha pasado por mi vida y me ha transformado.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Jesús humanado, nuestra Navidad.


Es navidad!!! Dios ha tomado de nuestra carne. Nos redime y no invita a amarle en la ternura de un recién nacido. Saquemos a flote esa ternura que tan acaparada esta, hagamos venta de garaje, reglemos amor, sonrisas, esperanzas. Aprovechemos la oportunidad para reconciliarnos y demostrar el amor mutuo. Dios ha bajado a la tierra, nos ha hermanado en su humanidad.
Hoy celebro por vez primera la Santa Misa como sacerdote, hoy hace 11 días fui consagrado para tal. Los encomiendo en la Eucaristía. Recen por mí.

P.D. El video forma parte de la película “De Dioses y Hombres” la canción es estupenda, les comparto un fragmento:
Esta es la noche
La inmensa noche de los orígenes
Y nada existe excepto el amor
Excepto el amor que ahora comienza ...
Dios ha preparado la tierra como una cuna
Por su venida desde arriba.
Esta es la noche
La noche feliz de Palestina
Y nada existe excepto Niño
Excepto el Niño de la vida divina
Al tomar carne de nuestra carne
Dios nuestro desierto hizo de refresco
E hizo una tierra de la primavera sin límites


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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Jesús es nuestra Navidad...


Y vuelve, como una dulce poesía, la solemnidad de la Navidad.
Durante estos días, ya desde hace siglos, se intercambian felicitaciones, y la paz, que los ángeles
anunciaron entonces, se ve reflorecer, tal vez por unos instantes, incluso en el rostro de hombres que no
la han conocido nunca.
También yo quiero desearos algo que os sea realmente grato y sobretodo deseado por Aquel que
guía nuestros pasos y conoce nuestro bien.
Este es mi deseo: que nuestra vida sea una continua Navidad, solemnizada en el secreto de los
corazones y en la íntima fraternidad, que tiene que extenderse en un sentido cada vez más vasto que
llegue a alcanzar, cuando Dios lo tenga establecido, los confines de la tierra: hasta que «todos sean uno».   Chiara Lubich
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lunes, 8 de septiembre de 2014

Un Dios que sigue despierto...



Siempre me ha llamado poderosamente la atención parte de un Himno de la Liturgia de las Horas que rezamos en el oficio de sexta: Quien diga que Dios ha muerto, que salga a la luz y vea, si el mundo es o no tarea, de un Dios que sigue despierto…
El mundo no tan contaminado como lo tenemos hoy en día, es producto del amor de Dios para con los hombres. La naturaleza maltratada pero con ansias de seguir dándonos lo que en si contiene, aún conserva el rastro de Su mano creadora. Hagamos un esfuerzo por mantener y preservar este hermoso regalo del Creador.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Responsabilidades, esperanzas y oportunidades...



Casi cinco meses han pasado y es mucho lo que ha sucedido, gran cantidad de vueltas ha dado nuestro planeta sobre su propio eje y definitivamente el amor de Dios se sigue derramando sobre todos nosotros. Quizá unos sentiremos más ese amor, de pronto otros lo sienten menos y es muy posible que algunos cuantos nada experimenten en sus vidas que pueda llevarlos a reconocer las bondades del Señor. De igual manera el Amor de Dios se derrama abundantemente sobre nosotros, pero es muy necesario que nos dispongamos a recibir ese amor como tierra en sequía que absorbe y aprovecha cualquier rocío mañanero o como planta en floración, que se prepara para almacenar fuerzas para el verano.

Hoy les escribo como Diacono de la Santa Madre Iglesia Católica. Muy feliz y dispuesto a seguir trabajando por la porción del pueblo de Dios que peregrina en mi Arquidiócesis. Por lo pronto me abandono a sus necesarias y provechosas oraciones. Desde hace tres semanas he recibido de mi arzobispo mis responsabilidades pastorales, un conglomerado de responsabilidades, esperanzas y oportunidades que desde ahora recaen sobre este servidor de la Iglesia.
Responsabilidades con la Cancillería, Esperanzas de aprender de un gran maestro parroquial, de hermosear y avivar la grey de la Sede episcopal y Oportunidades de hacer vida comunitaria.
 


                                                          Unidos en la Oración.

domingo, 30 de marzo de 2014

Profesión de Fe, camino al Diaconado...

Hoy en la misa matutina del IV Domingo del tiempo de Cuaresma, junto a mis compañeros Alberto y David, hice la Profesión de Fe ante nuestro Obispo Auxiliar Mond. Ángel Francisco Caraballo Fermín.

Profesar la fe es la declaración “pública” o “delante de alguien” de los misterios cristianos a los cuales se adhiere la inteligencia y la persona entera. Tal se hace en el Bautismo de forma solemne (C.I.C. 189), en la Eucaristía cuando se recita el credo, en ocasiones solemnes como en la Liturgia Pascual o vivencia de algún Sacramento de iniciación cristiana y en las descritas en el Código de Derecho Canónico.

El Código de Derecho Canónico en el N° 833, dice: 

Tienen obligación de emitir personalmente la profesión de fe, según la fórmula aprobada por la Sede Apostólica:

1º. Ante el presidente o su delegado todos los que toman parte, con voto deliberativo o consultivo, en un Concilio Ecuménico o particular, sínodo de Obispos y sínodo diocesano; y el presidente ante el Concilio o sínodo;

2º. los que han sido promovidos a la dignidad cardenalicia, según los estatutos del sacro Colegio;

3º. ante el delegado por la Sede Apostólica, todos los que han sido promovidos al episcopado, y asimismo los que se equiparan al Obispo diocesano;

4º. el Administrador diocesano, ante el colegio de consultores;

5º. los Vicarios generales, Vicarios episcopales y Vicarios judiciales, ante el Obispo diocesano o un delegado suyo;

6º. los párrocos, el rector y los profesores de teología y filosofía en los seminarios, cuando comienzan a ejercer su cargo, ante el Ordinario del lugar o un delegado suyo; también los que van a recibir el orden del diaconado;

7º. el rector de una universidad eclesiástica o católica, cuando comienza a ejercer su cargo, ante el Gran Canciller o, en su defecto, ante el Ordinario del lugar o ante los delegados de los mismos; los profesores que dan clases sobre materias relacionadas con la fe o las costumbres en cualesquiera universidades, cuando comienzan a ejercer el cargo, ante el rector, si es sacerdote, o ante el Ordinario del lugar o ante sus delegados;

8º. los Superiores en los institutos religiosos y sociedades de vida apostólica clericales, según la norma de las constituciones.

Refiriéndose a la Profesión de Fe, R. Ficichela en el diccionario de Teología Cristiana, afirma que esta es “la fórmula que adopta una comunidad religiosa para que sea normativa de los contenidos de lo que cree. Se dan diferentes terminologías para expresar la misma realidad: en Oriente se utilizaron primero las palabras símbolo y homologia; en Occidente se habló de credo, símbolo y profesión”.

Una larga historia acompaña a la Profesión de Fe Cristiana; hunde sus raíces en el Nuevo Testamento, en el que se reconocen tres diversas estructuras de profesión de fe que se clasifican como: simples, estereotipadas y complejas. “Tú eres el Cristo” (MC 8,29), “Jesús es el Señor” (1 Cor 12,3) son las fórmulas primitivas simples, que se van ampliando sucesivamente y se hacen cada vez más complejas: “Confesarás con tu boca que Jesús es el Señor y creerás con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos” (Rom 10,9). Lo que es importante advertir para las profesiones de fe es que ponen siempre en el centro el acontecimiento de la muerte y resurrección del Señor (cf. Hch 2,23); a partir de aquí, se elaboraron las fórmulas trinitarias, como demuestra la conclusión del evangelio de Mateo: “bautizen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19).

A partir del siglo IV, y después de un largo camino histórico, la Iglesia conoce al menos dos símbolos oficiales: el romano y el niceno-constantinopolitano; (los que en algunos lugares llaman Credo corto y Credo largo), A lo largo de los siglos se multiplicaron las profesiones de fe; se encargaron de escribirlas las Iglesias particulares, algunos sínodos (Orange y Toledo), el concilio IV de Letrán y varios papas, a medida que lo exigían las circunstancias: Pío IV al concluir el concilio de Trento, Pío X contra el modernismo, Pablo VI al concluir el Año de la fe.

Como se ha dicho al inicio, en la actualidad, la profesión de fe se utiliza para expresar diversas funciones de la vida eclesial: la liturgia, la ortodoxia y la fidelidad de algunas personas llamadas a desempeñar un ministerio particular en la comunidad; sin embargo, no hemos de olvidar que manifiesta sobre todo la fe personal y eclesial en el Señor muerto y resucitado, centro de la fe y sentido de la existencia.

 

Cuento con tus oraciones…